El nombre original fue Cuauhnáhuac que significa “cerca de la arboleda”, sus habitantes eran aztecas procedentes de Aztlán llamados también mexicas. Por su idioma fue una de las siete tribus nahuatlacas que al establecerse en esta tierra sureña se les conoció particularmente como tlahuicas, o más bien tlalhuicas. Fue fundada dos siglos antes de México-Tenochtitlan. 

La región Tlahuica era una especie de república independiente. Tlahuic o mejor Tlalhuic -como Tlalnahuac, Tlalmanalco- ubicada en todo el poniente del hoy estado de Morelos, significa “tierras bajas”, un valle rodeado por montañas. 

Tlalhuica, fue el nombre puesto por los aztecas, o mexicas, o tenochcas de Tenochtitlan. La raíz “tlahui” se relaciona con el color rojo, la lumbre y la luminosidad, “Tierra caliente” como se le conoció en la época colonial. 

El 13 de abril de 1521, hace 500 años, Cuauhnáhuac fue conquistada por Hernán Cortés -la población estaba sometida por los tenochcas- establece aquí su residencia y refunda esta población al modo europeo conservando sus sinuosas calles con origen en veredas como Matamoros que era el acceso desde la Ciudad de México o Avenida Cuauhtémoc la entrada por el oriente y Las casa en el Centro Histórico. Cortés ordena trazar calles transversales para formar manzanas reticulares de reciente diseño que transformaron la fisonomía de las ciudades de la Europa Medieval.

Ya establecido Cortés en Cuernavaca, Carlos V le otorga el título de “Marques del Valle” sin ese malinchismo “de Oaxaca”, que es solo una mención adicional en la cédula, una larga frase que de ninguna manera forma parte del título, porque además, Cuernavaca era la sede del marquesado, nunca lo fue Oaxaca. Los nombres indígenas de las poblaciones eran confundidos en Europa y mencionados de forma distinta, como el caso de nuestra ciudad, a la que reina madre le llamaba “Araunavas”. “Marqués del Valle” es citado así en documentos oficiales y primarios de aquella época, incluso en actas notariales.

-Ese vocablo “de Oaxaca” despoja a nuestra ciudad de la supremacía que Cortés le procuró sobre todas sus posesiones al establecer aquí su residencia y gobierno. En aquel tiempo, la Alcaldía Mayor de Cuernavaca representaba  todo “el valle” del actual Estado de Morelos. 

“El paraíso de América”; así se le conoció al Valle de Morelos a media época colonial, y en particular a Cuernavaca “Tierra Templada”. A partir de la visita de Alexander von Humboldt -en este mes de abril pero de 1803- en Europa la dio a conocer como “La ciudad de la eterna primavera” que surge de las frases “de calidad primaveral” y “donde la primavera es eterna” con las cuales era ya conocida.

El llamado “Palacio de Cortés” icono de la ciudad, tomó su modelo de la fachada y planos de la “Villa Chigi delle Volte” –de la poderosa familia Chgi de cardenales, papas y banqueros del Vaticano- que se ubica al margen del rio Volte en la campiña de Siena, Italia, construida por Baldassare Peruzzi, aquel arquitecto que terminó de construir la Basílica de San Pedro. Y no se inspiró en el “Alcázar -del hijo y nieto- de Cristóbal Colón” en Santo Domingo, porque además, ese edificio es posterior al de Cortés, que tampoco es un palacio ni un castillo y menos una fortaleza -como mencionan algunos historiadores capitalinos-, fue una casona rural con arcadas abiertas de carácter claramente civil, desde donde se administraban sus empresas agrícolas y ganaderas. Nunca tuvo los lujos de un palacio, era austero, de escaso y común mobiliario. En el patio de acceso, al lado izquierdo tenía un corral de cerdos, a la derecha un molino de trigo y polvorín, en la parte posterior una huerta de frutas y verduras y no jardines. Su techumbre era de tejas; las almenas que se dice eran para defensa militar, son posteriores y superpuestas a su construcción, agregadas solo para denotar jerarquía al modo de los edificios civiles posteriores a la reconquista española sobre los árabes, como la “Casa de contratación de Sevilla”. Se le llamó “Palacio” desde que fue sede de la alcaldía, luego de la capital de la República y finalmente del gobierno del Estado. Los planos de esta casona junto con otros, le llegaron a Cortés por envió del emperador Carlos V para reconstruir la Ciudad de México, que recopiló el famoso Alberto Durero por órdenes del emperador. 

De la Catedral de Cuernavaca, también se ha dicho que sus almenas eran para defensa de los indígenas, aunque nunca se supo de ataques de los naturales a construcciones religiosas. El modelo de estas almenas, se tomó de la iglesia de la Santa y Vera Cruz de Caravaca  considerada lugar santo del sur de España –que también influyó en el nombre indígena de nuestra ciudad al que “se le buscaron raíces españolas”, esto, según investigación también de este autor, lo que después lo asentaron Gutierre Tibon junto con Ricardo López Méndez y después otros especialistas del encuentro de las dos lenguas-. La iglesia de Caravaca era lugar al que pasaban a encomendarse los conquistadores, evangelizadores y colonizadores antes de partir a su aventura en el Nuevo Mundo. Esa iglesia se construyó dentro de lo que había sido un fuerte musulmán con almenas que fueron retiradas para borrar el vestigio musulmán, pero queda una muestra en la torre trasera.

En octubre de 1855, Cuernavaca fue capital de la Republica con el presidente Juan Álvarez, esto, antes de la fundación del Estado de Morelos.

 En 1869, la ciudad es nombrada capital del naciente estado de Morelos. 

Fue sede de la Convención Revolucionaria en 1915, y otra vez capital de la Republica. De febrero de 1917 a diciembre de 1918 la ciudad fue sitiada y evacuada por órdenes de Carranza, quedando en total abandono, se empezó a poblar de nueva cuenta en 1919.  

Existen pinturas rupestres de manos en cuevas al norte de la ciudad, que por la técnica utilizada, pueden ser las más antiguas de América, pero requieren restauración. 

A lo largo de su historia, la ciudad ha sido sede de grandes personajes, intelectuales, escritores, poetas, pintores, artistas y escultores que la han dado fama en el mundo.  

 “Cuernavacense” es nuestro gentilicio se escribe con minúscula salvo en títulos, inicio de párrafo o después de punto. Viene del latín culto “cuernavacensem” que empezaron a usar los frailes franciscanos desde inicios del siglo XVI. 

¡Hasta la próxima!

Por: Carlos Lavín Figueroa / carlos_lavin_mx@yahoo.com.mx


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