Cuando se dice que se ha conseguido una “victoria pírrica” se refiere a que se ha ganado para nada, que, si bien se ha logrado lo que se buscaba, dicho logro ha sido desfavorable para quien lo ha conseguido porque al ganador le representa más inconvenientes que ventajas. Caso similar es cuando los vencedores, no saben qué hacer con su victoria, por lo que no tuvo ningún caso ganarla, coloquialmente se diría “como para qué”. Esta es una victoria que daña al supuesto vencedor y a sus huestes, tanto en su orgullo como en lo moral, y más aún, cuando se presume haber ganado una batalla contra rivales que solo existen en su imaginario.
El nombre -ahora genérico- de “victoria pírrica” proviene de Pirro, rey griego de Epiro quien luchó toda su vida contra los romanos que estaban mejor preparados para la guerra, a los que Pirro derrotó en varias ocasiones solo por ser más numerosos sus soldados. Pero la batalla de Heraclea -región de varias ciudades en la antigüedad griega- en el año 280 antes de Cristo, fue su más famosa victoria sobre el ejercito romano, había desembarcado con sus ejércitos -quienes eran el triple que los romanos- y su poderoso ejército de elefantes en Tarento en el sur de Italia. En la batalla, Pirro perdió a la gran mayoría de sus soldados, cerca de cuatro mil, entre ellos sus mejores generales, fue cuando dijo: “Con otra victoria como esta estoy perdido”.
Y de estas adversas victorias hay innumerables ejemplos.
Contra lo que dice la oficialista historia nacional, que el ejército mexicano derrotó a los invasores franceses en la Batalla de Puebla. El general Ignacio Zaragoza -entonces Secretario de Guerra- se encontraba agazapado en su escritorio y con binoculares observando a lo lejos la ofensiva mexicana desde el fuerte de Guadalupe, cuando Porfirio Díaz al frente de su ejército y voluntarios indígenas, ya perseguía a los derrotados soldados franceses; fue cuando Zaragoza le ordenó dejarlos huir, tal vez pensando que ya derrotados irían a sus fragatas ancladas en Veracruz para regresar a Francia. Ese error de Zaragoza permitió a los franceses, reorganizarse, y finalmente entrar triunfantes a la Ciudad de México. Lo que sí, es que, en ese momento, y solo en ese momento, el triunfo significó para los mexicanos, un éxito por las condiciones desfavorables de inferioridad numérica y mejor armamento ante el que se consideraba el mejor ejército del mundo. Sin embargo, los Estados Unidos siguen festejando esa fecha, ya que le significaba el triunfo de su Doctrina Monroe sustentada en la expresión “América para los americanos”, que más bien aludía a “América para los estadounidenses” cuando tiempo antes, ya se habían apropiado de gran parte de nuestra nación.
Y así parece estar pasando con la invasión rusa a Ucrania, donde cada vez, ven más lejana una victoria, que, de todos modos, de darse, resultará pírrica por su gran costo para los ejércitos rusos, también en lo económico, en lo político, en lo social, en lo moral para su país, y de credibilidad ante el mundo. Tan bien que iba el tal Putín como líder de su nación, ahora convertido en otro Pirro.
Esa clase de victorias son un triunfo insuficiente, de poco o nulo valor en proporción a lo pretendido, y a la larga hasta nocivo, sin embargo, ante una victoria así, es mejor asumirla con discreción, sin sornas ni vanaglorias, porque en la época actual, una victoria pírrica, es también cuando alguien se erige como triunfador cuando solo queda exhibido, una golondrina no hace verano.
Un caso palpable de esas victorias es la de Obrador, que sigue cacareando su triunfo pírrico en las elecciones, victoria que le dio una mayoría de ignorantes, como el mismo les dice, lo que hace cien años desmenuzó Robert Michels en su estudio psicológico “Los partidos políticos” de “la necesidad de las masas de creer y depositar en un liderazgo presuntamente omnipotente sus esperanzas, que los guie ahorrándoles el esfuerzo de pensar”. Sin embargo, finalmente, Obrador, se ganó a pulso una gran pérdida de credibilidad al grado que ya no sabe qué hacer, arrastró a su inocente pueblo bueno -como también les dice- porque, porque su victoria ha traído grandes pérdidas, no solo para el país con multimillonarios despilfarros, y también a su política, también con un aumento exponencial de pobres más pobres, -más lo que viene-. La opinión pública lo destroza y se mofa de él como un mentiroso, ignorante, payaso, e inútil, porque, además; el comunismo y su hijo el populismo que el presidente practica disfrazado de socialismo, son humanitarios solo en papel y de boca, pero no en la realidad como la historia lo ha demostrado. Quien olvida la historia esta condenado a repétirla Los intelectuales, sus antes aliados incondicionales que hasta lo alababan, son aquellos mismos pensantes los que primero lo abandonan y ahora critican duramente.
En todos los terrenos se dan las victorias pírricas que por ello deben tomarse con moderación, ya que las peores son cuando el supuesto ganador las anuncia con fanfarreas, sin saber qué hacer con un triunfo que ganó para nada.
¡Hasta la próxima!
Por: Carlos Lavín Figueroa / carlos_lavin_mx@yahoo.com.mx
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