El torreón con el reloj del Palacio de Cortés se inauguró el primer minuto del 1º de enero de 1900 con el tradicional conteo regresivo a para festejar la entrada del nuevo año y siglo. Y ahí estuvo, hasta que se lo carrancearon (hurtaron) durante la Revolución. Este último fue instalado para dar la bienvenida a este siglo XXI, y continuó haciéndolo hasta que el sismo lo detuvo del 19 de septiembre de 2017, que en Cuernavaca y el Estado de Morelos llegó a ser terremoto por su intensidad, causando graves daños a inmuebles históricos como al Palacio de Cortés, este, sin duda el edificio civil más antiguo aun conservado de todo el Continente Americano, su emblemático torreón, que ha sido icono de la Ciudad de Cuernavaca por 122 años, fue fragmentado a tal grado que por su peso de 40 toneladas se tuvo que demoler, el reloj se desprendió de su base, quedando detenido a las 13:14 horas, de lo que fui testigo en el momento preciso.  

Este pasado miércoles 29 de junio de 2022, a las 13:14 horas, mismo minuto en que se detuvo cinco años atrás, el reloj ya restaurado volvió a caminar, dando su primera campanada un minuto después, a las 13:15 horas, y de nueva cuenta seguirá siendo el icono de Cuernavaca.

Tanto el color del torreón como de la fachada posterior del Palacio de Cortés, son los mismos que tenía antes del temblor, sin embargo, la vieja pátina con que ya contaba se la dará el tiempo, tal como sucedió con los muros de la Catedral cuando fueron restaurados. En cuanto a las pinturas murales, y otras áreas al interior, se avanza en su restauración, para este año se reabrirá una sección del Museo Cuauhnáhuac mismo que aloja el Palacio de Cortés.

El INAH informó; “Considerando los avances en la materia y en apego a las normas nacionales e internacionales sobre conservación y restauración, se determinó sustituir el torreón original por una estructura con una placa de acero en su base, así como madera tratada -de solo 2.5 toneladas de peso-. Compuesto por cuatro mil 419 piezas de madera, ajustadas con tres mil 558 piezas de tornillería. La estructura está revestida por ambas caras con una base de cemento laminado y una malla de fibra de vidrio, lo que proporciona solidez a los recubrimientos”.

 En cuanto a la Torre Campanario de la Catedral construida en el siglo XVIII, dos siglos después de la iglesia, fue inspirada en la famosa Giralda de Sevilla entonces el edificio más alto y más hermoso de toda Europa, de ahí su influencia y no solo en el Nuevo Mundo, misma que primero había sido un alminar –torre trunca- de la Gran Mezquita musulmana de Ishbiliya (Sevilla) torre, que a la expulsión de los árabes de España, fue conservada para servir de campanario cristiano agregándole tres cuerpos para campanarios de esa catedral sevillana que relevó a la mezquita musulmana, Así se crea en España un, entonces raro, estilo de iglesia de una sola torre para aprovechar los alminares o minaretes de mezquitas musulmanas también de otras iglesias menores peninsulares. La mezquita y el minarete -o alminar- de Sevilla, fueron construidos en 1184 por el mismo arquitecto musulmán que hizo la magnífica Mezquita de Kutubia en Marrakech, su gemela, esta se considera hermana de la Torre Hasan en Rabat. La torre de nuestra catedral, ya se construía alrededor de 1713, y a diferencia de la refinada Giralda, es austera, lo que le da el carácter franciscano de sus constructores.  

Los tres cuerpos superiores del campanario, fueron dañados severamente, a tal grado que el más alto se tuvo que demoler, su reconstrucción pudiera ser como fue en originalmente en el siglo XVIII, cuadrangular igual a los dos inferiores, y no octagonal, casi redonda, como se reconstruyó a principios del siglo XX después de ser dañado por dos temblores en el XIX. Al parecer, no existen fotografías de cómo fue en su origen ya que apenas estaba llegando a México esa novedad; sin embargo, si está documentado en libros de principios del siglo pasado, y en fotografías posteriores que demuestran el distinto y nuevo cuerpo de la cúspide comparado con los inferiores. 

Los materiales para su reconstrucción pudieran ser pétreos pero livianos -para no cargar tanto peso sobre los campanarios inferiores- tales como bloques de piedra pómez, tezontle, o algún otro prefabricado. Porque sería importante recuperar este tercer cuerpo tal como fue en su origen, cuadrangular y no octagonal, lo que le quitó similitud con la sevillana Giralda.

Autor, Historiador y Cronista de Cuernavaca Carlos Lavín Figueroa

¡Hasta la próxima!

Por: Carlos Lavín Figueroa / carlos_lavin_mx@yahoo.com.mx


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