Hace unos días me preguntaban si era lo mismo un monasterio que un convento. Desde luego que en lo constructivo pudieran tener similitudes; sin embargo, por su esencia y sus funciones son muy distintos. 

Los monasterios son característicos de Europa y Asia, siempre alejados de las poblaciones y hasta en lugares escarpados, donde sus “monjes” habitan en clausura extrema dedicándose primordialmente “a orar” y a las necesarias actividades para su manutención (ora et labora). Los primeros monasterios fueron un pequeño y alejado albergue de un solo ermitaño que se retiraba del mundo con el único propósito de llevar una vida religiosa. Los grandes monasterios surgen cuando los religiosos con fama de santidad se iban juntando y estableciendo renunciando a lo mundano con una estricta disciplina en cuanto a las exigencias naturales del cuerpo en busca de la perfección espiritual. Muchos monasterios han quedado ya dentro del crecimiento de las ciudades. 

Un convento pudiera confundirse con “un” equivalente a monasterio únicamente en lo relativo a una comunidad religiosa y al establecimiento que le sirve por sede, pero no se deben tomar como sinónimos; mientras que un monasterio sus monjes llevan una “vida contemplativa” apartada del mundo; por el contrario, en un convento sus frailes optan por una “vida activa” conviviendo con la comunidad, involucrándose en dar y recibir caridad, pero principalmente en dar enseñanza de las artes, oficios y el proselitismo del apostolado. 

En América siempre fueron conventos y no monasterios los que se construyeron a partir del siglo XVI; en Morelos quedaron once, entre franciscanos, dominicos y agustinos, que ahora son Patrimonio Cultural de la Humanidad. 

Sin embargo ni los oriundos de Cuernavaca ubican su convento, incluso se asombran cuando se enteran de que hay uno y de que esté situado en pleno centro de la ciudad, debido a que aun con su magnitud está oculto a la vista, no se aprecia desde ningún punto de las calles aledañas y tampoco dentro del atrio de La Catedral por estar tras los altos muros almenados del conjunto. Lo único que se puede apreciar por fuera es su puerta ubicada a lado izquierdo de la Capilla Abierta, sin saber, el visitante, que es el paso a la gran edificación; otro acceso aún más discreto está en un rincón de la capilla que se ubica al costado derecho de la nave mayor de Catedral. Los frailes confesaban a los feligreses a través de los anchos muros del convento que dan con la iglesia. Por una discreta puerta en uno de los muros del oculto convento se pasa a la también escondida casona del ahora Obispado. El Convento de Cuernavaca tenía como todos, su propia granja y huerto, que en 1933 -ya en desuso- le fueron separados por una calle y convertidos en el Jardín Revolución.  

Así que; la gran diferencia entre los monasterios del Viejo Mundo Medieval, y los conventos del Nuevo Mundo Colonial, es en razón de que los monasterios se encontraban alejados de las comunidades para dedicarse por entero a la espiritualidad; mientras que los conventos del Nuevo Mundo se ubicaron dentro y en pleno centro de las comunidades para dedicarse a evangelizar y culturizar a la población indígena, tanto en las artes como pintura, escultura y música, en las letras como el castellano y el latín, en los oficios como agricultura, ganadería, carpintería, cantería, en las ciencias como la medicina y la arquitectura. En el convento de Cuernavaca vivían 6 frailes de planta y otros seis eventuales -emulando a los doce apóstoles- eruditos todos, que daban instrucción, cada uno en su especialidad. A los ya instruidos se les encomendaba un nuevo territorio para catequizar y adiestrar, es así como la evangelización se extendió en cadena por todo el territorio de Nueva España. 

Pues entonces; la gran diferencia entre monasterio y convento, es, particularmente su función, y mencionarlos indistintamente falsea su esencia y su historia. 

Por su parte, la “ermita” era una iglesia muy pequeña, situada en un camino despoblado como fue la de San Francisco en la ahora calle Galeana -hoy capilla del barrio con ese mismo nombre- ermita, que también fungió como pequeño convento efímero, construida en un terreno donado por el cacique indígena de Chipitlán, ahí vivieron los primeros frailes en tanto construían con mano de obra nativa, la iglesia y su espléndido pero oculto Convento Franciscano de Cuernavaca, que en su inicio fue de una sola planta. Décadas después se le agregó una segunda planta con arcadas diferentes a las originales, obra que dirigió el arquitecto español Francisco Becerra –discípulo de Berruguete- calificado el mejor de la época en América, el mismo que había diseñado y construido la Iglesia del Convento de Santo Domingo en Ciudad de México y colaborado en su Catedral, diseño y construyó la de Puebla, el pórtico y frontón de las iglesias de Tepoztlán y también de Cuernavaca, viajó a Quito donde construyó la catedral, y al Perú donde diseñó y dirigió las de Lima y Cusco, donde murió.  

-Huerta del Convento, video;   https://fb.watch/ecANRAAvvD/   

¡Hasta La Próxima! 


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