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Murie­ron cua­tro per­so­nas asfi­xia­das que fue­ron al Ángel de la Inde­pen­den­cia para fes­te­jar el triunfo de México sobre la selec­ción de Ecua­dor. Se pudo haber evi­tado. Se pudo haber pre­ve­nido. Pero el estilo de gobierno de la 4T con­siste en bajar los bra­zos y dejar que pase lo que tenga que pasar. No ejer­cen el mando. El estilo de gobierno es no gober­nar.

¿Qué era mucha gente? Abso­lu­ta­mente pre­vi­si­ble. Se jun­ta­ron 120 mil per­so­nas tras el triunfo de México sobre Sudá­frica. Se jun­ta­ron 400 mil cuando le gana­mos a Corea. Lle­ga­ron a 800 mil tras la vic­to­ria sobre Che­quia. La cifra era cla­ra­mente ascen­dente. Lógi­ca­mente ascen­dente. Se llegó al millón, según datos ofi­cia­les, tras el 2-0 a Ecua­dor. Un aumento de 25%. Impor­tante pero no des­me­dido. Mane­ja­ble. No lo supie­ron mane­jar. No impi­die­ron que más gente lle­gara. No prohi­bie­ron el paso cuando las calles esta­ban haci­na­das al nivel de asfi­xia. No con­tu­vie­ron a la mul­ti­tud. No la orien­ta­ron.

Las cosas no se salie­ron de con­trol de golpe. Se fue­ron saliendo de con­trol con el avance de la selec­ción mexi­cana en los par­ti­dos: por­ta­zos, empu­jo­nes por entrar a los luga­res con pan­ta­llas, gente que se subió a pos­tes, esta­cio­nes del Metro­bús, pues­tos de perió­di­cos y monu­men­tos his­tó­ri­cos, balan­ceos de vehí­cu­los. Una serie de epi­so­dios que iban mos­trando a una auto­ri­dad reba­sada, pero aún sin lle­gar a una tra­ge­dia.

Lo que suce­dió en Los Cabos la noche del México-Che­quia, debió ser una señal de alarma. No lo fue. Ni siquiera por­que justo la mañana del día del par­tido México-Ecua­dor se con­firmó la muerte del papá que lle­vaba esposa e hijas a bordo de su vehí­culo y que, apa­ren­te­mente en pánico, atro­pe­lló a 17 cuando le esta­ban sacu­diendo el coche por el fes­tejo, lo que motivó a la turba a gol­pearlo hasta qui­tarle la vida.

Esta­ban todos los focos rojos. Deci­die­ron igno­rar­los.

El gobierno que baja los bra­zos mandó a 4 mil poli­cías al Paseo de la Reforma con la detec­ta­ble orden de no hacer nada. A ates­ti­guar. En las nari­ces de la poli­cía, no sólo fue el haci­na­miento asfi­xiante. Fue tam­bién la vio­la­ción des­ca­rada de la “ley seca”: cada 50 metros podías encon­trar pues­te­ci­tos que te ven­dían cer­veza. ¿Que­rías droga? Tam­bién había dis­po­ni­ble. Menú com­pleto. Súmele que la gente llegó con una hora más de alcohol en la san­gre a con­se­cuen­cia del retraso del ini­cio del par­tido.

Ato­si­gada por la culpa, la jefa de Gobierno la more­nista Clara Bru­gada, apostó a zafarse la res­pon­sa­bi­li­dad con una decla­ra­ción: dijo que su admi­nis­tra­ción hizo un lla­mado para que la gente no fuera al Ángel a fes­te­jar. Ya. Eso.

Desde luego existe una res­pon­sa­bi­li­dad indi­vi­dual de la gente, hay una res­pon­sa­bi­li­dad de la socie­dad. Una socie­dad madura exige ciu­da­da­nos que sepan com­por­tarse en el espa­cio público. Pero la res­pon­sa­bi­li­dad indi­vi­dual no sus­ti­tuye la res­pon­sa­bi­li­dad del Estado. El gobierno está para pro­te­ger a sus ciu­da­da­nos. Está para orde­nar la con­vi­ven­cia social, pre­ve­nir ries­gos colec­ti­vos y pro­te­ger la inte­gri­dad de la gente mediante el ejer­ci­cio del mando y la regu­la­ción del espa­cio público. Las tra­ge­dias colec­ti­vas no se juz­gan por la con­ducta del ciu­da­dano ideal, sino por la capa­ci­dad de las auto­ri­da­des para pre­ver que cual­quier exceso indi­vi­dual o colec­tivo no desem­bo­que en una catás­trofe.

Y ahí viene lo del domingo. Puede ponerse peor. Ojalá deci­dan gober­nar.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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Carlos Loret de Mola
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