La iglesia nos pide que al entrar en ella

nos quitemos el sombrero, no la cabeza.

Gilbert Keith Chesterton, escritor británico.

“Donar”, “diezmar”, “sembrar”… son el padre nuestro de cada día en la iglesia La Vid, con sede en el centro del municipio de Cuautla.

Sus pastores, Vicente, Evelia -motejada como “Bella”, e hija Lesem, quien además funge como operadora financiera de la organización, tienen por dios al dinero.

Así ha sido hace décadas, sobre todo desde el año 2005, cuando los principios espirituales se tornaron preferentemente materiales, al volverse una suerte de franquicia de la matriz en Guatemala, La Casa de Dios.

Cada vez más lejanos de las bondades del cristianismo, pero usándolo como instrumento para satisfacer sus aviesos intereses de posesiones de lujo, los pastores han sistematizado la comercialización de la fe.

Vicente y Evelia no se encomiendan tanto a Dios como al modelo de negocio desarrollado por su gurú Carlos Enrique Luna Lam, teólogo del evangelio de la prosperidad que no casualmente presume su apodo de “Cash” (dinero en efectivo, en inglés).

A finales de 2018, la cadena televisiva Univisión presentó el reportaje “Los Magnates de Dios”, de los periodistas Gerardo Reyes y Peniley Ramírez, en donde se acotaba que el manejo de millones de dólares de esas iglesias no es transparente y se sabe poco en qué se invierten:

“Millones de hispanos de escasos recursos en Estados Unidos y América Latina donan el 10% de sus ingresos mensuales a iglesias evangélicas. Es lo que se conoce como los diezmos. Los fieles o las ovejas, como suelen llamar los pastores a sus seguidores, aportan además ofrendas en efectivo en cada servicio y trabajan gratuitamente para eventos de recaudaciones de las mismas iglesias.

“Lo que sí es inocultable es el lujoso estilo de vida de los pastores y sus familias. Aviones privados, mansiones, autos de lujo y vestuarios costosos, son parte de la vida de los líderes espirituales, algunos de los cuales lo justifican explicando que la riqueza es una bendición de Dios.”

Nada de lo anterior es desconocido para los pastores de La Vid, de Cuautla, como tampoco la filosofía sintetizada por el reportaje de Univisión sobre lo dicho por el pastor guatemalteco “Cash” Luna:

“A mí me enseñó un apóstol, me dijo, ‘Cash’, a la iglesia uno siempre lleva dos cosas, Biblia y chequera, la Biblia para que aprendas lo que Dios te va a decir, y la chequera para que lo adores.”

 

VICENTE Y EVELIA SE

DAN VIDA DE REYES

Y a imagen y semejanza de los pastores guatemaltecos “Cash” Luna y su esposa Sonia, los mexicanos Vicente y Evelia han hecho de su terruño una mina dorada, montados en la necesidad e inocencia de miles de morelenses.

Los viajes de los pastores de La Vid a Guatemala son frecuentes, a fin de aprender nuevas estrategias para obtener más utilidades del negocio de la fe, aunque el membrete es que acuden a prepararse para acercarse más a Dios.

Recién trascendió otro viaje familiar a la tierra santa de Israel, así como otros periplos a Estados Unidos, en un despliegue de ostentación propio de las añejas noblezas, porque éstos se presumen reyes que merecen vivir como tales.

La preparación de las hijas en universidades privadas de alto prestigio y costo, así como la tenencia de predios y residencias, especialmente en Cocoyoc, y vehículos de alta gama, serían producto de sacrificio de los cándidos feligreses y ovejas, cuyo cerebro es martillado con la exigencia de “donar”, “diezmar”, “sembrar”…

El templo de “La Casa de Dios” en la capital guatemalteca tuvo un costo aproximado al equivalente a 880 millones de pesos mexicanos, cuyo origen no es del todo claro, salvo que sea de las donaciones de la feligresía… “esta iglesia no debe ni un centavo a un banco”, dijo “Cash”.

En Cuautla, el templo de La Vid es mucho más modesto que su sueño de Guatemala, pero ya trabaja en la ampliación, incluso con una “Academia” en un terreno aledaño, pero la misión no parece fácil, sino trasquilando más y más a sus ovejas.

“A Dios le gusta que le pidamos, pero también que lo honremos con nuestras ofrendas. Que tu petición esté acompañada de una ofrenda de amor a nuestro Padre.”

Y “Honremos a nuestro Padre con nuestro amor y con nuestras ofrendas, para que Él pueda ver lo que significa para nosotros”, son las arengas que tendrán que multiplicar Vicente, Evelia y Lesem para que ellos sigan viviendo como reyes y puedan construir su palacio.

El premio para sus seguidores es menos tangible: “Sigue la ruta y obedece. Cuando obedecemos a Dios, sus bendiciones se hacen palpables”.

 

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