A pesar de que se realizan limpiezas rápidas y constantes en las colecciones de los museos de todo México, la presencia de polvo en los objetos exhibidos es inevitable, y es necesario que un equipo de conservadores y restauradores realice los procesos de limpieza, expone el Museo Nacional de Antropología (MNA).

El polvo es un elemento bien conocido, manifestaron los investigadores del MNA, ya que es un componente presente en cualquier lugar en la vida diaria de las personas. Una de las características que vuelve al polvo un material tan particular consiste en la fineza de sus partículas, cuyo pequeño tamaño y peso permiten que éstas se trasladen por el medio ambiente por las corrientes de aire, hasta depositarse en alguna superficie.

Afirman qué es común que la identificación de polvo en el ambiente sea considerada como un sinónimo de suciedad, porque mayoritariamente, el polvo está constituido por pequeñas porciones de tierra, depósitos minerales y biológicos; dependiendo del tipo de ambiente, manifestaron, se pueden encontrar partículas de mayor tamaño, como son: fibras, sales y azúcares, y elementos contaminantes que desgastan las obras.

“Todos los componentes antes mencionados interactúan entre sí y además responden a condicionantes externas como los cambios constantes de temperatura y humedad relativas, esto sumado a las características de superficie donde se deposita el polvo crea un complejo sistema de relaciones que causa efectos negativos en las piezas”, explicaron.

En la publicación del INAH señalan que generalmente, la presencia ligera de polvo superficial en un objeto no ocasiona más que conflictos visuales, por lo que, en pequeñas cantidades, no resulta gran complicación retirar ese tipo de elemento.

Sin embargo, la situación comienza a complicarse si persiste la acumulación gradual de las partículas; gracias a la influencia de las condiciones ambientales, empiezan a generarse una serie de reacciones físicas y químicas que promueven tanto la unión entre los distintos elementos presentes en el polvo, como la fijación al sustrato y la interacción con los materiales que soportan al polvo.

“Lo anterior genera un efecto conocido como cementación, el cual consiste en la fijación de las partículas entre ellas y la misma superficie, lo cual genera capas de suciedad que son reconocibles a simple vista. Aunado a lo anterior, niveles altos de humedad promueven la proliferación de hongos y bacterias presentes en la suciedad”

Es por eso que dentro de los museos exite una serie de estrategias y elementos que buscan controlar la deposición de polvo y suciedad en sus colecciones, como son sistemas de aire acondicionado y filtros, estrategias para redirigir las corrientes aéreas, vitrinas, entre otros.

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