Instancias de la UNAM como el Instituto de Biología, de Ecología y la Facultad de Ciencia realizan estudios para contribuir a la supervivencia del conejo Teporingo, donde desde 1952, se han emprendido 31 trabajos recepcionales a nivel licenciatura y posgrado.

Además, se han realizado intentos de reproducción en cautiverio para una posible reintroducción en el Zoológico de Chapultepec y San Cayetano, en México; el de Jersey, en Inglaterra; el de Amberes, en Bélgica; y la Universidad de Hokkaido, Japón.

En un comunicado, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) señaló que en septiembre pasado, la noticia de su extinción dio la vuelta al mundo. El seguimiento periodístico dio por muerto al Teporingo, y días después se matizó al ubicar su desaparición sólo en el Nevado de Toluca.

La forma en que esto se puede manejar y entender es con buena información, con datos de investigaciones serias, de buena calidad, y que den resultados creíbles y objetivos; eso es lo que necesitamos, dijo José Sarukhán, investigador emérito del Instituto de Ecología.

Esta especie es exclusivo de la fauna mexicana, breve, de extremidades cortas, orejas pequeñas y redondeadas, de pelaje denso amarillo, con dorso negro; es el conejo “Teporingo”, y se encuentra en peligro de extinción.

La razón es que se alimenta principalmente de hierbas como el zacatón, mermado ante el embate del crecimiento urbano, su principal amenaza, informó la Universidad Nacional Autónoma de México en un comunicado.

El Teporingo se encuentra en la lista de la Norma Oficial Mexicana (NOM-059-SEMARNAT-2001) en la categoría de peligro de extinción; asimismo, la UICN lo ubica en peligro, y partir de 2010 el Gobierno Federal propuso crear una unidad de manejo para su conservación.

Endémico del centro del país, este conejito también llamado “de los volcanes” es considerado el lagomorfo (conejo-liebre) más pequeño de México y el segundo de menor tamaño del mundo, afirmó el médico veterinario de la Faculta de Estudios Superiores Cuautitlán, Óscar González Santana.

Explicó que el zacatón es un grupo de plantas, de pastos amacollados, en donde el teporingo basa su existencia, por eso le dicen ‘zacatuche’ (del náhuatl zactl [pasto] y tochtli [conejo]: ‘conejo del zacate’, romerolagus diazi).

Esta vegetación le brinda alimento, resguardo, nido, protección y cobertura de los depredadores, abundó.

Aseguró que no existe otra especie igual en el mundo, e hizo referencia al libro de Francisco Romero y Alejandro Velázquez: “El conejo zacatuche: tan lejos de Dios y tan cerca de la Ciudad de México”, para enmarcar la situación de esta especie.

González Santana expuso que el teporingo vive en una de las regiones más complicadas: en las cercanías de una urbe tan grande como la Ciudad de México.

Subrayó que la expansión urbana merma la cobertura herbácea densa, su alimento principal y refugio primordial ante depredadores como el lince, coyote, comadreja, búho, serpiente de cascabel, y ahora perros y gatos domésticos”.

El zacatón es también su recurso para alimentarse y reproducirse, en concreto, un factor determinante para su distribución, uso de hábitat y rango hogareño.

La UNAM mencionó que gasta octubre de 2018, según un monitoreo realizado por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, había cinco poblaciones estables de teporingo: en el Parque Nacional Izta-Popo, en el Corredor Biológico Chichinautzin, en Milpa Alta, en Topilejo y en el Tepozteco.

Oficialmente, dijo Óscar González, -también especialista de la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN)-, distintas instituciones trabajan en conjunto con las comunidades para monitorear esta especie, difundirla y promover su reproducción en cautiverio.


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