En el Panteón de la Leona, Cuernavaca, don Eduardo Acevedo comparte su labor de más de dos décadas en cuidado, mantenimiento y restauración de tumbas, incluyendo rotulación y grabado en granito y mármol. Además, relató haber trabajado en tumbas de su propia familia, como las de su suegra y su cuñado, lo que le dejó un fuerte impacto emocional. También narró experiencias paranormales, como sentir presencias y ver sombras inexplicables mientras realizaba sus labores.
“Yo me dedicaba a la rotulación, después me vine aquí a pintar y rotular cruces y empecé a agarrar el oficio del mantenimiento y la restauración de los monumentos y el grabado, a mano en granito y en mármol”, relató.
El señor Eduardo recuerda que su relación con el cementerio comenzó desde la infancia. “Yo vivía en la parte de acá atrás, entonces yo venía los fines de semana a lavar tumbas y ya en esta época o días festivos del 10 de mayo, Día del Padre y ahora Día de Muertos”, explicó. Con el tiempo, su trabajo evolucionó: “Ya cuando la gente empezó en la calle a poner sus rótulos en lonas impresas, pues eso me trajo aquí a rotular cruces, porque ya no querían los rótulos a mano y fue lo que me trajo aquí y ya fui agarrando poco a poco el oficio que ahora desempeño”.
En cuanto a los trabajos que más le han marcado, destacó la conexión emocional con los familiares. “Son varios y más que nada es el sentimiento de los familiares. Hay veces que las tumbas están muy descuidadas y a causa de que falleció el familiar, el último es cuando se empeñan en restaurar luego las tumbas y son las que más satisfacción dan porque ya están muy deterioradas”, señaló. Incluso, recordó los trabajos que realizó para su propia familia: “Yo gracias a Dios tengo a toda mi familia, pero tuve que grabar una placa por ejemplo con los datos de mi suegra hace 5 años y de mi cuñado hace 2 años. De hecho, como la de mi suegra la hice en mi casa, mi misma esposa me decía, te he visto hacer mucho de esto, pero nunca pensé que fuera ver la de mi mamá. Y sí, esas son las dos que más un sentimiento que he tenido”.
Acevedo también narró experiencias que considera inexplicables. “Una hace aproximadamente unos 6, 7 años, sepulté a un joven de 17 años, pero como ya era muy tarde lo sepulté y ya no tuve tiempo de limpiar todo alrededor de restos del féretro anterior… Al otro día llegué a las 8 de la mañana a sacarlo, a hacer la limpieza. Estaba yo recogiendo basura y todo cuando de repente yo sentí la presencia de algo o de alguien. Levanto la cara y exactamente en la tumba donde yo había sepultado un día antes estaba una sombra parada y en cuanto yo la vi se movió y se perdió en el muro de colindancia del Panteón”.
Otra experiencia que aún recuerda es: “Hace 5 años estaba yo restaurando un monumento. Acabé de pulir, apagué mi generador, mis máquinas, todo y empecé a escuchar voces de niños corriendo… Son las dos únicas que no he encontrado yo alguna explicación”.
Sobre la zona más especial del cementerio, Acevedo indicó: “Yo creo si es esa donde te comento de la barranquita… ya con el tiempo los sacaron y los echaron a un lugar que le llamaban el osario… y eso es donde se siente, como están más aislados hay más silencio y se siente un poco más diferente pues el ambiente”.
Finalmente, don Eduardo compartió un mensaje para los visitantes: “Ahora sí que aconsejar a la gente que mantenga las tumbas de sus familiares independientemente del trabajo que se les tenga que hacer. 

Salvador Rosas /  salvador.rosas@diariodemorelos.com
 

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