La ONU señala de manera contundente que “La educación es la clave para alcanzar mucho de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS). Cuando las personas pueden acceder a una educación de calidad, pueden escapar del ciclo de la pobreza”.

Como se suele decir, más claro ni el agua. Que la educación es fundamental para lograr los mejores niveles de bienestar, lo demuestran aquellas naciones que sí han tomado en serio el tema. La calidad de vida que han obtenido es una de las pruebas concluyentes. La lista en 2019 la encabezaron Finlandia (nada nuevo), Suecia, Bélgica, Singapur, Países Bajos, Qatar, Irlanda, Estonia. Cada una con características distintas, pero con un objetivo común: un sistema educativo como base para el bienestar de la población.

México como miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) es el último en el ranking de educación.

No se crea que le destina poco a su sistema educativo. El gobierno de México le destina 17 % de su presupuesto total (4.8% del PIB), frente al 11 % en promedio de los miembros de la OCDE. Algo no estamos haciendo bien.

Un acercamiento a los resultados de la prueba que aplica el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) de acuerdo al Plan Nacional para la Evaluación de los aprendizajes (Planea) al ciclo escolar 2017 -2018, nos habla de un sistema que no logra estar a la altura de lo que invierte el país en educación.

La prueba se aplica a estudiantes de sexto grado a nivel nacional, regional, entidad federativa y tipo de escuela: Públicas, indígenas, comunitarias y privadas. El panorama puede ser un tanto dramático. Se evalúa el lenguaje y la comunicación y las Matemáticas, rubros aceptados por los organismos mundiales como los más relevantes para alcanzar los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), definidos en los objetivos del Milenio por la ONU.

Planea estableció cuatro niveles para la evaluación: Nivel I que significa dominio insuficiente; Nivel II dominio básico; Nivel III dominio satisfactorio y Nivel IV dominio sobresaliente. En el país, la mitad de los evaluados se encuentran en el dominio I, y solo el 3% en el nivel IV, que es el nivel que permite resolver problemas más complejos como utilizar decimales, conversiones, calcular un perímetro o calcular la media y la mediana de un conjunto de datos.

Sólo destaco unos cuantos datos para asomarnos a la educación de los estudiantes de Morelos a partir de la prueba aplicada a los de sexto grado de primaria. En el tema de lenguaje y comunicación, de los 800 puntos definidos en la evaluación, Morelos obtuvo en el 2015 498 puntos promedio y en el 2018 el mismo dato. O sea, no se logró avance. El promedio a nivel nacional fue de 500 y 501. Prácticamente nulo avance.

En matemáticas en Morelos se logró avanzar tres puntos pasando de 485 a 489. A nivel nacional se pasó de 500 a 503.

Pareciera que el país está destinado a no avanzar sustantivamente. Sin embargo, en el año 2015, Jalisco obtuvo 497 puntos y para el 2018, logró 535. Es decir un avance de 39 puntos, superando los 534 de la CDMX. Sonora también sorprende, pues avanzó entre los mismos años 26 puntos, pasando de 486 a 512. Evidentemente algo están haciendo bien esas entidades, que habría que conocer detalladamente. Pues significa que sí se puede avanzar a pesar de que las condiciones y recursos son más o menos similares.

A Morelos en la evaluación de los resultados de Planea lo encontramos en la media tabla. Vale la pena asomarse al resto de los resultados, tanto a los de la educación media superior como a los de la superior, para saber dónde estamos parados y así construir y reconstruir nuestro sistema. Los diagnósticos sobre la educación son bastante ricos en información, tanto a nivel nacional como por entidad. Las condiciones me parece que están dadas para dar un salto hacia adelante, pues se cuenta con una infraestructura nada despreciable: Un presupuesto destinado a la educación que ha crecido año con año, una infraestructura que con sus debilidades y deficiencias no está tan mal, y una plantilla de docentes que supera los 35 mil en 3529 planteles (SEP Morelos, 2017).

Soy de la idea que en cantidad hemos logrado avances importantes. Lo que tenemos que avanzar es en la calidad de la educación.

¿Qué hacer?

La misma ONU nos da algunas pistas de lo que es posible hacer desde diferentes ángulos, comenzando con la participación de la sociedad exigiendo a los gobiernos para que le den prioridad a la educación; que cumplan con el compromiso de dar más y mejor educación. El sector privado también puede contribuir más al mejoramiento del sistema. Es necesario puntualizar que en Morelos el 35% de la educación recae en la iniciativa privada, a donde asisten los que tienen mejores condiciones económicas y logran mejores resultados en las evaluaciones. En contraparte, las comunidades rurales y con menos condiciones económicas presentan los retrasos más significativos, haciéndose una brecha enorme entre los educandos que asisten a las escuelas particulares y las rurales o comunitarias. La desigualdad de oportunidades educativas conlleva a un menor bienestar social el resto de la vida.

Requerimos pues, estrategias que consideren a las nuevas tecnologías. Hay escuelas que cobrando colegiaturas elevadas no cuentan siquiera con internet, ni enseñan elementos básicos de computación. Estrategias que contemplen a la innovación, como el aprendizaje de otro idioma a un buen nivel, pues está demostrado que una segunda lengua es un elemento fundamental que impacta el desempeño profesional y la seguridad y desarrollo de los estudiantes. Son grandes líneas sobre las que habrá que debatir y trabajar hasta que se logre una política pública que nos permita dar el salto. Pero es importante ponernos de acuerdo. Mala cosa es que no se parta de los diagnósticos en Educación que ya existen, para trazar las líneas a seguir y resolver los problemas ya conocidos.

Mala cosa es también que el presupuesto 2020 no haya sido aún autorizado por el Congreso. Así ¿cómo?

 

 Ariel Homero López Rivera
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