La economía en Europa, al final de la década anterior, dió las condiciones para que surgiera un movimiento que sacudió a varios países.
 Especialmente a Francia y España.
 La crisis económica que inició en el 2008, alertó a los ciudadanos contra los partidos políticos.
 El domingo 15 de mayo se congregaron en la Plaza del Sol de Madrid, miles de personas, principalmente jóvenes.
 Fue el inicio de un movimiento denominado 15M pero también conocido como “Los Indignados”.
 Fue desalojado el “plantón”, la acampada, como le dicen en España, el 17 de mayo.

El desempleo se había disparado y los privilegios de la clase política ofendían a la deteriorada clase media.
 La web fue el vehículo para una dinámica desconocida, y de la noche a la mañana el malestar se agravó gracias al desalojo violento de los acampados.
 Días después, las principales ciudades de España vieron como se reprodujeron las acampadas con el desalojo violento en algunas ciudades como Barcelona y Sevilla.
 Surgió así, un movimiento que sacudiría a España y crearía maneras diferentes de organización social y política.

El resultado del movimiento tuvo importantes consecuencias.
 Cimbró al sistema político español y sobre todo, generó un nuevo modo de organización social que se caracterizó por ser un movimiento horizontal, de inteligencia colectiva, incluyente, no violento; y simultáneamente usó las plazas públicas y las tecnologías de la información (TIC’s) y lograron incidir en la agenda política española en el sistema de salud, en actos de justicia, en la economía y en el sistema de vivienda.

Del 15M surgieron colectivos que abordarían casi todos los temas sociales, políticos y económicos.
 Poco tiempo después también surgieron partidos políticos: El Partido X; El Movimiento de Renovación
Democrática Ciudadana; La Agrupación de Electores Recortes Cero; Podemos ; y Democracia Participativa.

La pandemia, el desempleo, la criminalidad y la polarización que se agudiza visiblemente en Morelos y en el país, nos anuncian tiempos complejos.
 Igual que en España en el 2010, se observa un hartazgo especialmente de las clases medias.
 La proximidad de las elecciones en un año, prefiguran un panorama ciertamente enrarecido.

Stéphane Hessel, autor del minilibro titulado ¡Indignaos! fue en parte el inspirador del movimiento del 15M, del movimiento en Francia y en otros países.
 A sus 90 años lo publicó en el 2010 y tuvo un gran impacto.
 Recorrió universidades dando conferencias e invitando a la juventud a que mostrara su indignación.
 En su juventud, Hessel se incorporó a la Resistencia ante la Alemania que avasalló a Francia en la segunda guerra mundial.
 Escapa de las prisiones nazis y de la muerte, y participa al concluir el conflicto en la redacción de a Declaración Universal de los Derechos Humanos, como representante de Francia.

Formó parte de esa generación que no aceptó ser subyugada: una generación indignada que dio la pelea hasta el final y alcanzó logros que transformaron a Francia y a Europa entera.
 Con la autoridad moral que le da el haber participado y con una energía y coraje sorprendente, pide indignarse ante las injusticias que han propiciado el desempleo, ante la ineficacia de la clase política, y ante la violencia entre países, sobre todo de Israel frente a Palestina.

La indignación ahora recorre a México.
 Las expresiones de repudio a los gobiernos se incrementan.
 Van tomando forma.
 Ante la falta de posicionamiento de los partidos de oposición, puede surgir una movilización de la sociedad al margen de los partidos.
 Un movimiento que deberá caracterizarse por no ser partidista.
 En México el 68 es la referencia para ver que también en México se pueden dar cambios esenciales a partir de la lucha ciudadana.

La expectativa que creó Morena, enarbolando temas como la corrupción y la inseguridad, se está agotando.
 Por el contrario, la pandemia, la falta de acceso y la mala calidad de los servicios de salud, y el creciente desempleo, se suman al malestar social.
 Las recientes manifestaciones son un aviso de lo que está por venir.

Los nuevos movimientos sociales demandan de nuevas formas de organización de la sociedad civil, al margen de los partidos.
 Cuernavaca tiene antecedentes.
 Tendrá que ir más allá de los que conocemos.
 Hoy tenemos a la web; y también tenemos miedo, tenemos dudas de la conducción de los gobiernos, tenemos muchas razones por qué estar indignados.

Convendría ver surgir en nuestra Cuernavaca una auténtica fuerza ciudadana.
 No sugiero que se haga una copia de la experiencia española, no, pues hay demasiadas diferencias, pero sí es una referente que nos recuerda que es posible cambiar el estado de las cosas, que es posible seguir otras rutas, que podemos representarnos a nosotros mismos, que sí tenemos mucho por que indignarnos.
 Organizarnos como sociedad civil es el reto.
 Como sugiere el libro de Hessel, indignarse es un “alegato contra la indiferencia , y a favor de la insurrección pacífica”.

Por:  Ariel Homero López Rivera / opinion@diariodemorelos.com