Lectura de comprensión

A Napoleón se le daban muy bien las matemáticas.

— ¡3x1=3, 3x2=6, 3x3=9! — cantaba mientras desfilaba con sus siete hermanos al estilo militar.

— ¡Derecha! ¡Izquierda! ¡Fiiiiirmes! — gritaba mientras sus hermanos lo seguían obedeciendo sus órdenes.

Así fue creciendo; mostrando claramente sus dotes de mando y a la vez su empeño por conseguir todos sus propósitos.

Como era tan ambicioso y pretendía mandar sobre todos, sus amigos empezaron a cansarse de él, pero Napoleón acostumbrado a conseguir todo lo que quería, se alzó como cabecilla y se nombró jefe de su pandilla.

— ¿Quién te has creído que eres? — decían unos mientras los otros lo defendían.

Y así fue extendiéndose su poder sobre la gente de su ciudad y los alrededores. Decidió entrar en el ejército y volvió a desfilar, esta vez con los soldados.

— ¡Derecha! ¡Izquierda! ¡Fiiiiirmes!

Cuánto más iba creciendo su ambición, valentía, soberbia, inteligencia y grandeza, más crecía su crueldad y su fama.

En su afán por mandar llegó a ser emperador de Francia y conquistó varios países de Europa, pero en la batalla de Waterloo fue vencido por los ingleses, que lo apresaron y lo llevaron a la cárcel de una solitaria isla en medio del Atlántico: Santa Elena, donde murió odiado por unos y querido por otros.

 

¿Qué materia le gustaba
a Napoleón?

¿En dónde murió?