Hoy se conmemoran 34 años del fallecimiento de Freddie Mercury, la voz icónica de Queen y una de las figuras más carismáticas en la historia del rock. El 24 de noviembre de 1991, el mundo despidió al artista que, a sus 45 años, había conquistado a generaciones con su inigualable rango vocal y su arrolladora presencia escénica.
​El artista, cuyo nombre real era Farrokh Bulsara, pasó sus días finales en reclusión en su hogar, Garden Lodge, en Kensington. Ante la constante atención de los medios, Mercury se apartó de la vida pública y tomó la decisión de suspender el tratamiento médico en sus últimas semanas, buscando paz rodeado de su círculo más íntimo, incluyendo a su pareja, Jim Hutton, y sus gatos. Pese a su delicado estado de salud, ocasionalmente recibió visitas de amigos cercanos, como Elton John.
​La Batalla Secreta y la Declaración Final
​Aunque la prensa especulaba sobre su estado, Mercury mantuvo en privado su diagnóstico de VIH/SIDA durante años. Apenas un día antes de su muerte, tomó la valiente decisión de emitir su única declaración pública, confirmando su enfermedad. Horas después, la noticia de su deceso estremeció al mundo; la causa oficial fue bronconeumonía, agravada por el SIDA.
​Jim Hutton, testigo de sus últimos momentos, compartió que el artista alcanzó una profunda serenidad en su lecho de muerte. Describió cómo el rostro de Freddie pareció relajarse en un estado de paz total, dando fin a su sufrimiento.
​A pesar de su trágica y temprana partida, la música de Freddie Mercury y su voz en Queen siguen siendo un referente de genialidad, resiliencia y extravagancia. Su legado permanece intacto, inspirando la lucha contra el VIH/SIDA y asegurando que su reinado artístico sea verdaderamente inmortal.

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