Durante algún tiempo, en la Plazuela del Zacate de Cuernavaca, en la intersección de las calles de Galeana, Hidalgo y Las Casas existió una escultura de la Décima Musa mexicana, Sor Juana Inés de la Cruz, también llamada: “El Fénix de América”. Desconozco el nombre del autor de esa obra, pero me tocó estar presente cuando le fue regalada al estado de Morelos en 1979. Aquí les cuento la historia de cómo llegó allí y cómo es que después desapareció.
Esta escultura fue regalada al estado de Morelos en el marco de la Tercera Reunión Nacional de Cronistas de Ciudades Mexicanas.
Ese año de 1979, se celebró en Morelos el primer centenario del natalicio del general Emiliano Zapata Salazar, por lo que fue creada la Comisión Coordinadora de dicho evento, que estaba encabezada por el gobernador de Morelos Dr. Armando León Bejarano y por mi padre Valentín López González. Para este acontecimiento mi padre se propuso traer a los cronistas de las principales ciudades del país, pues a su vez él era el presidente de la Asociación Nacional de Cronistas Mexicanos. El congreso se realizó del miércoles 11 al domingo 15 de julio de ese año, y tuvo varias sedes, entre las que se encontraba la Ciudad de México, Cuernavaca, Cuautla y Nepantla, Estado de México, lugar en donde nació Sor Juana Inés de la Cruz.
Tuve la oportunidad de acompañar a mi padre en ese congreso, primeramente, en la Ciudad de México, los días 11 y 12, en donde participaron personajes como el Lic. José Luis Martínez, entonces cronista de la Ciudad de México, el inolvidable Don Pedro Ferriz Santa Cruz, el maestro Gutierre Tibón y el Lic. Miguel Alemán Valdés, expresidente de México. Y tuvimos la oportunidad de visitar los recientes descubrimientos del Templo Mayor, con una visita guiada, nada más y nada menos que con Don Eduardo Matos Moctezuma, quien era el que encabezaba los trabajos de investigación.
Posteriormente, el viernes 13 nos trasladamos a Cuernavaca, en donde se realizaron sesiones de trabajo y fueron recibidos por el gobernador Bejarano y por el presidente municipal Lic. José Castillo Pombo. El domingo 15 nos trasladamos a Cuautla, en donde se montó una guardia honor en la tumba del caudillo del sur y por la tarde nos trasladamos a Nepantla, Estado de México.
Todos los cronistas e invitados, llegamos a la casa en donde nació la “Décima Musa”. En el lugar, ya se encontraba Don Mario Colín, entonces Secretario de Educación, Cultura y Bienestar Social del Estado de México, en representación del gobernador de ese estado, Dr. Jorge Jiménez Cantú. Lo acompañaba el presidente municipal de Nepantla, Fernando Aguilar Muñoz. A ese sitio también llegó el gobernador de Morelos Dr. Armando León Bejarano, junto con su esposa Gloria Almada. Posteriormente arribó Doña Margarita López Portillo, hermana del presidente de la República y quien era jefa de la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC), que además era una gran admiradora de Sor Juana Inés de la Cruz y estudiosa de su obra.
Las autoridades y cronistas asistentes le rindieron un emotivo homenaje a Sor Juana y montaron una guardia de honor. Durante la ceremonia, Don Mario Colín, a nombre del gobernador del Estado de México le entregó el busto de “El Fénix de México” al gobernador Bejarano, quien le agradeció a nombre del pueblo de Morelos.
Al terminar la ceremonia, nos trasladamos al pueblo de Tepetlixpa, Estado de México, en donde los cronistas fueron declarados huéspedes distinguidos. Ya al anochecer, al terminar el congreso, los organizadores nos fuimos a cenar a un restaurante-cabaña muy cerca de Popo Park, en donde convivimos con Doña Margarita López Portillo y con el gobernador de Morelos.
Al poco tiempo el busto de Sor Juana Inés de la Cruz fue colocado en la Plazuela del Zacate, tras una remodelación de la misma, en donde permaneció por varios años.
Posteriormente, tras otra modificación a la plazuela del Zacate, la escultura se reubicó en otro espacio, pero en la misma calle de Las Casas. Casualmente frente a la residencia de Doña Margarita López Portillo en ese callejón. Después de algún tiempo, misteriosamente desapareció y solamente quedó un basamento vacío, que después tuvo que ser demolido. Las malas lenguas aseguran que fue Doña Margarita la que dio la orden de que quitaran la escultura y que la metieran a su casa. Realmente no sabemos qué pasó, pero este fue un caso más en que el patrimonio artístico propiedad de nuestra ciudad y del estado es vandalizado o robado, sin que las autoridades investiguen y castiguen a los responsables.
Por: Valentín López G. Aranda / valentinlopezga@gmail.com
