A Cristina Artigas de Latapí,
Defensora del patrimonio cultural de México-
La Catedral de Cuernavaca, es un sitio fascinante, no solo desde la trinchera de la Fe de quienes profesan el catolicismo, sino como punto de partida de la evangelización de la Nueva España y del surgimiento de un rico sincretismo que es uno de los crisoles de la fusión de dos mundos y el nacimiento de la cultura e identidad mexicanas.
Hernán Cortés pidió al Emperador Carlos I de España y V de Alemania, en su cuarta Carta de Relación, el envío de misioneros para iniciar la conquista espiritual de los nuevos territorios sometidos a la corona, como respuesta a dicha petición llegaron en 1524 los primeros 12 franciscanos al frente de Fray Martin de Valencia, también llamados “Los Doce Apóstoles de la Nueva España”, los franciscanos se pusieron manos a la obra y a la par de su labor evangelizadora entre los naturales, comenzaron a construir templos y conventos para consolidar la misma. La antigua Cuauhnahuac por su ubicación y por ser sede del marquesado del Valle de Oaxaca, pronto fue considerada como sede franciscana y en 1529 inició la construcción de la Iglesia y convento de la Asunción de María que concluyó en 1552. La hoy Catedral tuvo a su vez la enorme fortuna de contar con el decidido mecenazgo de Doña Juana Ramírez de Arellano y Zúñiga, segunda esposa de Cortés y Marquesa del Valle de Oaxaca. Doña Juana que vivió en el Palacio de Cortés y fue una mujer piadosa, con honda sensibilidad al arte, apoyó con entusiasmo el proyecto franciscano en la sede de su marquesado e inició un vasto tesoro artístico que hoy perdura como patrimonio cultural de México y el mundo.
Entre los tesoros que alberga nuestra catedral, destacan los imponentes frescos de la nave mayor, dichos frescos que se presumen fueron plasmados en fechas muy próximas a 1597, dan cuenta del martirio de San Felipe de Jesús primer santo mexicano y quien fue sacrificado el 5 de febrero de 1597 en Nagasaki, Japón. Muchos yerran al tener a San Felipe de Jesús como el primer mártir cristiano en México, los primeros fueron los niños mártires de Tlaxcala, Cristóbal, Antonio y Juan, asesinados entre 1527 y 1529, lo que los convirtió en Protomártires de América, sin embargo, San Felipe de Jesús fue el primero en alcanzar los altares, es patrono de la juventud mexicana y de la muy noble insigne, muy leal e imperial Ciudad de México.
San Felipe de Jesús un criollo nacido en la ciudad de México en 1572 en una familia acomodada, fue un niño inquieto, tanto así que en la casa paterna había el tronco de una higuera seca en el centro del patio, eran tantas sus travesuras, que su nana afirmó contundentemente que primero reverdecería la higuera antes de que Felipe fuera santo y cuenta la tradición católica que precisamente el día de la muerte del primer santo mexicano, la higuera reverdeció.
Cuando Felipe creció se unió a los franciscanos como novicio pero muy pronto desistió de la carrera eclesiástica, entonces su padre lo mando a comerciar a Manila, aprovechando el auge del Galeón de Acapulco, ahí llevó una vida disipada y llena de lujos, cuando se quedó sin dinero y sin la corte de amigos que lo adulaban por lo mismo, Felipe enderezo el camino y se unió de nueva cuenta a los franciscanos pero ahora en Manila, pronto estuvo listo para ordenarse sacerdote, y fue enviado de regreso a Nueva España con tal propósito, sin embargo las corrientes marítimas y el temporal desviaron la nao hacia las costas de Japón, una vez desembarcados los franciscanos decidieron evangelizar esas misteriosas tierras, y Felipe se unió a la misión con entusiasmo, la tarea tuvo éxito, lo cual enfureció y preocupó al Emperador Taikosama quien mandó aprehender a los franciscanos, torturarlos y crucificarlos. Felipe pudo haber eludido el castigo al no haberse ordenado sacerdote, pero eligió con gran entereza unirse a los condenados, dando muestras de valor y enorme sacrificio.
Un grupo de 26 cristianos fue llevado en medio de torturas y vejaciones a Nagasaki, donde se les dio muerte en la cruz. Felipe murió invocando a Cristo, fue atravesado por dos lanzas, las lanzas atravesadas con el tiempo se convirtieron en atributos de San Felipe de Jesús en la iconografía de los santos. El joven novohispano fue beatificado junto con sus compañeros de infortunio en 1627 y alcanzó los altares en 1862.
Los frescos de la nave mayor, fueron redescubiertos en 1959, cuando el Séptimo Obispo de Cuernavaca, Sergio Méndez Arceo, ordenó amparándose en el Segundo Concilio Vaticano y en la idea de volver a la iglesia primitiva, el retiro de los altares laterales de la nave mayor. Lo que salió a la luz debajo de capas de cal y altares neoclásicos fue una impresionante descripción del martirio de los mártires de Nagasaki, los murales de muchos colores, detallan de manera puntual el martirio de San Felipe de Jesús junto a sus acompañantes, y son coronados por una frase que se encuentra inscrita en la parte superior del muro del evangelio y que reza “Reciben en Japón…Emperador Taycosama mandó martirizar por…”.
La fidelidad de las ropas, los personajes, las armas , las herramientas, carretas entre otros, así como un ajolote especie endémica de México y pintado sobre el mar, es casi fotográfica, incluso esto ha alimentado la teoría entre expertos de que sin duda alguna el mural fue pintado por un novohispano que fue testigo de los hechos y que tuvo la fortuna de volver con vida.
Los frescos de la Catedral de Cuernavaca, no son solo son el testimonio gráfico más relevante del martirio de San Felipe de Jesús, sino una aseveración de primer orden de nuestra historia virreinal y de la presencia de Cuernavaca como un punto en el trayecto del Galeón de Acapulco, mal llamado el Galeón de Manila que corrió de 1565 a 1815 entre Madrid y oriente y fue por casi 300 años una de las rutas comerciales más importantes de la historia de la humanidad.
Los frescos de la catedral de Cuernavaca, representan el martirio y crucifixión de San Felipe de Jesús el 5 de febrero de 1597, en Nagasaki, Japón.
Por: Roberto Abe Camil / opinion@diariodemorelos.com
