El Palacio de Cortés, hoy Museo Regional Cuauhnáhuac a cargo del INAH, no solo es el más importante monumento histórico no religioso del estado de Morelos, sino también uno de las edificaciones civiles europeas más antiguas de tierra firme americana. La imponente mole de piedra se levanta entre el caos, la basura y el abandono que ahora distinguen al centro de Cuernavaca, pero estas prendas poco honrosas no han logrado restarle su centenaria dignidad, la noble casona ha resistido el embate de guerras civiles, extranjeras, de la anarquía urbana y por supuesto, de la fuerza de los fenómenos naturales, no en vano se encuentra en restauración desde septiembre de 2017, cuando el más devastador terremoto del cual se tenga memoria en Morelos, se ensañó particularmente con nuestro entrañable Palacio de Cortés.

El inmueble fue construido por el extremeño a partir de 1526, a semejanza del Alcázar de Diego Colón en Santo Domingo, es el celoso custodio de casi medio milenio de historia patria. Se levantó sobre los restos del Tecpan del Señor de Cuauhnáhuac, el cual no solo era la residencia de este último, sino a su vez la sede administrativa y de gobierno del Señorío de los Tlahuicas. Al ser edificado por Cortés, fue asiento del poderoso Marquesado del Valle de Oaxaca, ahí vivió Doña Juana de Zúñiga su segunda esposa y mecenas de la iglesia franciscana que hoy es nuestra catedral. Ahí nacieron los hijos de Hernando y Juana, fue después prisión del inmortal Morelos, se le ofreció a Maximiliano, pero este se decantó por el Jardín Borda al ser el Palacio aún propiedad de los herederos del conquistador. Ha sido en dos ocasiones Palacio Nacional: con Don Juan N. Álvarez y con los Gobiernos de la Convención, sede también de los poderes del estado de Morelos y en sus muros, Diego Rivera plasmó en 1929 el imponente mural “Conquista y Revolución”, que da cuenta del pasado heroico de las tierras morelenses y considerado por muchos el segundo mural más destacado del pintor, tan solo por detrás de los murales de Palacio Nacional.  Aledaño al mismo en su parte sur, se encuentra la más bella plaza de Cuernavaca, donde se yergue la imponente estatua de Morelos, hecha en 1942 por Juan Fernando Olaguíbel Rosenzweig, el destacado escultor guanajuatense autor, entre otras obras, de la Diana Cazadora, del Pípila en su tierra natal y de la Fuente de Petróleos. Es sin duda alguna el monumento más relevante y de mayor valor en la entidad, al prócer que da nombre y orgullo a nuestro estado. Los cuernavacenses y los morelenses lo llamamos de manera afectuosa el “Morelotes” debido a sus grandes dimensiones y toscas facciones. 

El Palacio a su vez, desde el 1 de febrero de 1974, es sede del Museo Regional Cuauhnáhuac, el más importante de Morelos y perteneciente a la magnífica red de museos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). La plaza en sí, no solo es, como ya se mencionó, la más bella de Cuernavaca, sino un espacio muy querido por los cuernavacenses, somos muchos, incontables los que a través de generaciones la disfrutamos en una ciudad, que si bien es cierto, es un paraíso pero que irónicamente adolece de espacios públicos. Sin embargo, desde mediados de la década de los noventa la plaza fue invadida por comerciantes ambulantes del gremio de la plata, quienes sin miramiento alguno y atropellando los derechos de los mexicanos en general, instalaron puestos semifijos, hoy la plaza ha desaparecido entre los laberintos creados por los fenicios, solo destaca entre la anarquía y los techos de plástico la silueta del “Morelotes” debido a su monumental altura.

Insisto, los plateros me merecen todo mi respeto, también en que tienen todo el derecho a llevar el pan de manera honrada a sus hogares, sin embargo, a lo que no tienen derecho es a mutilar el patrimonio artístico, histórico y cultural de una nación, a desgarrar nuestra memoria histórica y a privar a quienes no somos plateros, de un antiguo espacio público en una ciudad que con su zona conurbada ronda el millón de habitantes, de un histórico parque público.

Desafortunadamente, ninguna autoridad de ningún orden ha tomado en todo este tiempo cartas en el asunto, es más cómodo el “Laissez faire et laissez passer” y no meterse en líos, o salvo involuntario error de apreciación de mi parte, el obtener cuotas electorales o económicas de los plateros. Lo más triste del asunto es que existen alternativas para reubicar en el primer cuadro de la ciudad a los plateros, y salvarlos de la informalidad e ilegalidad, incorporándolos dignamente a la oferta turística y comercial del primer cuadro de la capital, ahí está el ejemplo y experiencia exitosa de una población más pequeña que Cuernavaca como lo es Taxco, Guerrero.

En días pasados, el Capítulo Morelos de la Sociedad Defensora del Tesoro Artístico de México, que me honro en presidir, hizo llegar al Señor Presidente de la República, una carta en la cual solicitamos su intervención a efecto de exhortar a las autoridades responsables a encontrar una solución a este atentado contra el patrimonio de México, esperamos esto sea el inicio de la solución del problema, por el momento hemos encontrado el respaldo de diversas Asociaciones, como lo son: el Consejo de Cronistas de Cuernavaca, A.C. que preside el íntegro Octavio Sedano Reynoso y del cual también me enorgullezco en formar parte, el prestigiado Consejo Estatal Morelos Adopte Una Obra de Arte, que preside Cecile Camil Garza, los Cuernavacos y el Grupo Empresarial Morelos, al frente de un cuernavacense de cepa como lo es Teodoro Lavín León, también articulista de esta casa editorial, el Seminario de Cultura Mexicana corresponsalía Cuernavaca y la Fundación Caballeros Águila, encabezados por la siempre activa Lya Gutiérrez Quintanilla y la Delegación Estatal de la Sociedad Mexicana de las Artes Plásticas que dirige el culto Tláloc Rafael García Lazos.

Lo anterior es muy alentador, da fe de que los cuernavacenses y los morelenses también podemos unirnos en causas donde lo único que se busca es que el bien común prevalezca y se salve nuestro patrimonio, también de que hay muchas voces que se manifiestan a favor de nuestra identidad, de nuestra historia, del legado que como morelenses estamos obligados a preservar y por supuesto de restituir nuestro patrimonio cultural y memoria histórica a favor de las generaciones que están por venir, en tanto los morelenses seamos fieles guardianes de nuestro pasado, Morelos tendrá un porvenir.

Por: Roberto Abe Camil  / opinion@diariodemorelos.com