Desde hace varios años apro­ve­cho el ini­cio del año para recor­dar los hechos que ocu­rrie­ron cien años antes. Hoy traeré a la memo­ria algu­nos de los acon­te­ci­mien­tos más impor­tan­tes ocu­rri­dos durante el año de 1926 en el Estado de More­los.

En ese año el Estado de More­los con­ti­nuaba en un pro­ceso de reor­de­na­miento des­pués de la lucha armada de 1910, al ini­ciar el año con­taba con un gober­na­dor inte­rino que era Joa­quín Rojas Hidalgo (gober­na­dor de octu­bre de 1925 a febrero de 1926), ori­gi­na­rio de Tepozt­lán.

En esa época el Estado de More­los seguía siendo el único estado de la Repú­blica que no había regre­sado al orden cons­ti­tu­cio­nal. Don Joa­quín Rojas, para resol­ver ese pro­blema con­vocó a elec­cio­nes a fin de ele­gir al gober­na­dor y a los dipu­ta­dos que inte­gra­rían el Con­greso Cons­ti­tu­yente. La con­vo­ca­to­ria para las elec­cio­nes se publicó el 5 de noviem­bre de 1925 y estas se rea­li­za­rían el 7 de febrero del año siguiente. Se pre­sen­ta­ron a la con­tienda tres can­di­da­tos: Fer­nando López, can­di­dato del Par­tido Libre More­lense, el Gral. Car­los Ariza, del Par­tido Regio­na­lista More­lense y el Gral. Fran­cisco Alar­cón, del Par­tido Nacio­nal Agra­rista, el cual era apo­yado por los zapa­tis­tas.

Un día antes de que se efec­tua­ran las elec­cio­nes, el 6 de febrero, Car­los Ariza junto con algu­nos par­ti­da­rios se encon­tra­ban en el Hotel Pala­cio (Anti­gua Casa del gober­na­dor Manuel Alar­cón, en la calle de Morrow), Ariza se asomó a uno de los bal­co­nes para dar un dis­curso junto con otros ora­do­res, cuando de repente llegó un grupo de par­ti­da­rios del Gral. Fer­nando López, los cua­les se encon­tra­ban arma­dos y al grito de ¡Viva López, muera Ariza! dis­pa­ra­ron en con­tra de sus con­trin­can­tes. El resul­tado fue­ron 4 muer­tos y varios heri­dos.

Al poco tiempo lle­ga­ron tro­pas fede­ra­les que se encon­tra­ban cerca de ahí, pues el cuar­tel se encon­traba a media cua­dra, en la calle de Mata­mo­ros. El ejér­cito detuvo a los agre­so­res y catea­ron las ofi­ci­nas del Par­tido Libre More­lense en donde encon­tra­ron más armas y car­tu­chos e inclu­sive una ame­tra­lla­dora.

Estos trá­gi­cos acon­te­ci­mien­tos tuvie­ron como con­se­cuen­cia que los dos ban­dos se cul­pa­ran mutua­mente y “lopiz­tas” acu­sa­ran al gober­na­dor Joa­quín Rojas de que­rer impo­ner por la fuerza al can­di­dato Ariza. Al día siguiente se rea­li­za­ron las elec­cio­nes, pero hubo un gran número de irre­gu­la­ri­da­des e inci­den­tes. Asi­mismo, los more­len­ses que­rían tener un can­di­dato radi­cado y nacido en el estado (de acuerdo con lo que esta­ble­cía el artí­culo 115 de la Cons­ti­tu­ción), requi­si­tos con los que no con­taba Fer­nando López.

Pasa­das las elec­cio­nes, se anun­ció el triunfo de Ariza, por lo que los opo­nen­tes no reco­no­cie­ron el triunfo. Cada uno de los tres can­di­da­tos se decla­ra­ron triun­fa­do­res y se esta­ble­cie­ron tres Con­gre­sos Cons­ti­tu­yen­tes, el gobierno de Ariza se esta­ble­ció en el Pala­cio de Cor­tés (enton­ces resi­den­cia ofi­cial del gober­na­dor), Fer­nando López en la calle de Dego­llado (en el número 2) y el Gral. Alar­cón, en Jojutla.

Ante esta situa­ción el Senado de la Repú­blica deter­minó la desa­pa­ri­ción de pode­res y la anu­la­ción de las elec­cio­nes. Asi­mismo, nom­bra­ron a un nuevo gober­na­dor pro­vi­sio­nal, quien sería Don Valen­tín del Llano, ori­gi­na­rio de Cuautla, quien al tomar pose­sión de su cargo ame­nazó con cul­par a cual­quier per­sona con el delito de usur­pa­ción de fun­cio­nes a cual­quier per­sona que se osten­tara con cual­quier cargo de elec­ción popu­lar y agregó que pronto se lan­za­ría una nueva con­vo­ca­to­ria para rea­li­zar elec­cio­nes. Esto no se llevó a cabo y Valen­tín del Llano sola­mente dura­ría en su cargo 4 meses, pues renun­ció el 12 de junio, argu­men­tando falta de apoyo del estado y de la fede­ra­ción.

Durante ese año de 1926 el estado llegó a tener 5 gober­na­do­res, aun así, el gobierno remató tie­rras de las hacien­das del Hos­pi­tal y de Chi­na­meca. Tam­bién se remató la hacienda de Cuauhuixtla. Asi­mismo, se con­ti­nuó con la dota­ción de tie­rras por todo el estado, como las 201 Has. que se le otor­ga­ron a la ran­che­ría de Atla­co­mulco, con tie­rras de la misma hacienda del mismo nom­bre que era pro­pie­dad de Diego A. Pig­na­te­lli, des­cen­diente de Her­nán Cor­tés.

Ese año de 1926, el 2 de julio, el pre­si­dente Plu­tarco Elías Calles prohi­bió el culto cató­lico y ordenó el cie­rre de tem­plos en todos los rin­co­nes del país, con lo que ini­ció la Gue­rra Cris­tera. Se empren­dió una per­se­cu­ción reli­giosa en con­tra de los diri­gen­tes ecle­siás­ti­cos, exi­liando a muchos de ellos. Otros sacer­do­tes tuvie­ron que vivir en la clan­des­ti­ni­dad, como fue el caso del cuarto obispo de Cuer­na­vaca, Fran­cisco Uranga y Záenz que se vio obli­gado a salir de su dió­ce­sis para ocul­tarse en una casa de Tlal­pan. Los tem­plos que­da­ron en manos de los ayun­ta­mien­tos y de jun­tas de veci­nos, que los uti­li­za­ron para hacer escue­las, bajo la polí­tica de “edu­ca­ción socia­lista”. More­los se carac­te­rizó por tener levan­ta­mien­tos arma­dos ais­la­dos, como los que enca­be­za­ron Maxi­mi­liano Vigue­ras, Ben­ja­mín Men­doza y el exza­pa­tista Vic­to­riano Bár­ce­nas, que operó tam­bién en el Estado de Gue­rrero.

Tene­mos que recor­dar tam­bién que este año se con­me­mora el pri­mer cen­te­na­rio del nata­li­cio del sacer­dote y filó­sofo Ivan Ilich, nacido en Viena, Aus­tria el 4 de sep­tiem­bre de 1926, y quien fue fun­da­dor del Cen­tro Inter­cul­tu­ral de Docu­men­ta­ción (CIDOC) en 1966 e ini­cia­dor de las escue­las de espa­ñol en Cuer­na­vaca.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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