En 1978 se acercaba la fecha para la celebración del primer centenario de nacimiento del general Emiliano Zapata y mi padre, Valentín López González le propuso al Dr. Armando León Bejarano, gobernador del Estado (19761982) un amplio programa para que esa celebración no pasara desapercibida. La iniciativa fue enviada y aprobada en el Congreso del Estado mediante el decreto Núm., 170 promulgado el 2 de enero de 1979, con el que ese año fue declarado “Año del General Emiliano Zapata”. Por lo anterior, el Dr. Bejarano creó el Comité Coordinador, nombrando presidente al ex gobernado Lic. Jesús Castillo López (1905-1998) y a mi padre como secretario ejecutivo.
Se realizaron infinidad de actividades, como publicacioned de libros y folletos, se imprimió un timbre postal conmemorativo, conferencias, obras públicas, etc. Pero una de las principales fue la de colocar una escultura ecuestre monumental en la entrada de Cuernavaca, misma que se le encargó a los artistas Carlos ui Obando y a su esposa, Estela Ubando Coria.
Varias veces acompañé a mi padre a ver el avance del proyecto y pude ver cómo Carlos Kunte y su esposa estudiaban el movimiento de las patas de los caballos, para determinar cuál sería la posición ideal para el caballo en donde iría montado el general Zapata. La posición que eligieron representó un problema, por lo que decidieron añadir dos montículos debajo del caballo para poderlo sostener. Asimismo, se realizaron algunas esculturas en pequeño o maquetas para que fuera aprobado el proyecto.
Una vez autorizada la obra se comenzó a modelar la escultura el 1º de noviembre de 1978 en la Tallera de Siqueiros, en la colonia Jardines de Cuernavaca. Gracias a que acompañé varias veces a mi padre a ver el avance de la obra, pude ser testigo de cómo se realizó. Primero se armó una estructura que sirvió como base de la escultura, esta se hizo con alambrón recubierto con malla de alambre para gallinero, con lo que se creó una forma tosca de que sería la figura. Posteriormente, sobre esta estructura se comenzó a colocar la plastilina, con la que se fueron moldeando los detalles del caballo y de Zapata. En una ocasión en la que los visitamos, Carlos Kunte le comentó mi padre el problema que estaban teniendo debido a que el sol le estaba pegando a la escultura, por lo que la plastilina se estaba derritiendo, así que se tuvieron que conseguir algunas lonas para cubrir el patio en donde estaban trabajando. El modelado en la Tallera se realizó en 4 meses, después la fundición se llevó a cabo durante los siguientes 5 meses en los talleres “El Salvador” en la Ciudad de México, siendo responsables de este proceso los señores Enrique Carreón y Refugio Saavedra. Se ocuparon 4,800 kilos de bronce de primera calidad y se realizó en varias partes que después fueron armadas y soldadas a la hora de su colocación. La escultura tuvo una altura de 5.3 metros de la base a la copa del sombrero y 8 .5 metros de la cabeza a la cola del caballo.
Paralelamente se tuvieron que realizar las adaptaciones necesarias en la glorieta de Buena Vista, en donde sería colocada la escultura. Entre otras cosas se ampliaron las calles de la glorieta, por lo que la 24ª Zona Militar tuvo que ceder unos metros de sus terrenos. Asimismo, se construyó la glorieta y la base en donde quedaría la escultura.
Tuve la oportunidad de estar presente cuando llegaron los tráileres con las plataformas que transportaron las diferentes partes de la escultura. Asimismo, se utilizó una enorme grúa para realizar el levantamiento de las piezas. Dicha grúa también se aprovechó para quitar la escultura de Emiliano Zapata que se encontraba en la glorieta de Tlaltenango y que fue donada al municipio de Emiliano Zapata, en donde se encuentra hasta la fecha en la plaza que lleva el nombre del caudillo.
En algún momento aproveché para subirme al puesto de control de la grúa y desde allí saludaba al gobernador Bejarano, que en todo momento estuvo presente supervisando los trabajos que se realizaban. Las maniobras para armar y colocar la nueva escultura tardaron cerca de 8 horas y media.
Finalmente, a las 9:45 horas de la mañana del 8 de agosto, varios helicópteros presidenciales aterrizaron en la 24 Zona Militar, en uno de ellos venía el presidente de la República José López Portillo acompañado del secretario de gobernación Joaquín Gamboa Pascoe y del líder de la gran Comisión de la Cámara de Diputados, Lic. Antonio Riva Palacio López, quienes caminaron hasta el lugar en donde se realizó la ceremonia ante 1,500 campesinos. El presidente develó una placa e hizo guardia de honor. Hubo discursos y se escucharon algunos corridos de la Revolución. La ceremonia duró aproximadamente 20 minutos. Al finalizar, la comitiva se trasladó de nueva cuenta a la Zona Militar en donde abordaron los helicópteros rumbo a Anenecuilco en donde continuaron con la conmemoración. Mi padre subió a uno de ellos con la comitiva, por lo que nos pidió que fuéramos por él a Anenecuilco en auto.
La escultura ecuestre permaneció en esa glorieta hasta diciembre de 2010, cuando fue removida para construir el distribuidor vial. En 2011 regresó, pero no fue muy afortunada su colocación debido a que se perdía entre las vías elevadas, así que en 2018 se trasladó al entronque de la avenida Vicente Guerrero con el libramiento México-Cuernavaca, ubicación que tampoco fue buena, pues la escultura se veía muy chiquita. Ahora el gobierno la trasladará a la Plaza General Emiliano Zapata Salazar, en el centro de Cuernavaca. ¿Será una buena decisión?
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