En diciembre de 1994, hace ya 26 años, el Sr. Guillermo León Flores con motivo de las fiestas navideñas de aquel entonces, me obsequió una copia de una carta que como respuesta dirigió el Gran Jefe Indio Seatl (en 1854) al presidente Franklin Pierce de los Estados Unidos de Norte América, como respuesta a la petición de compra de una gran parte de las tierras que habitaban. El presidente Franklin les proponía crear una “reservación” donde vivirían “confortables”. Dicha carta de respuesta, además de eso, es un hermosísimo poema con conceptos y principios tan profundos y sublimes, que eternamente serán de actualidad. Y ahora como parte de mis crónicas de los acontecimientos que suceden alrededor de nuestras vidas y con motivo del Día Mundial de la Tierra, que se celebra el 27 de abril, me parece que resulta muy Ad Hoc compartir con ustedes una sinopsis de dicho documento.
Comenzaré expresando que todo, absolutamente todo, viene de la tierra sobre la que vivimos. Nuestra comida, el agua que bebemos, nuestra casa, nuestra ropa, nuestros muebles, nuestros carros, nosotros mismos venimos de la Madre Tierra. De ahí el simbolismo de: “Recuerda hombre que polvo eres y polvo te convertirás”. Por lo que todo, absolutamente todo emana de la Madre Tierra. Convicción que tenían perfectamente bien entendida las culturas americanas desde antes de las respectivas conquistas.
El Gran Jefe Seatl le contesta con una carta colmada de conceptos y valores tan profundos y sublimes que supongo yo no fueron siquiera imaginados en su momento por personas ajenas a los propios conceptos y valores de los Indios Pieles Rojas. En ella le expresa que, para su pueblo, cada parcela de tierra es sagrada. Y toda la tierra en general también lo es. Y prosigue con un torrente de conceptos y valores aplicados al amor por la Madre Tierra, que hasta esta fecha nos quedamos maravillados en exceso.
Confieso que me fue muy difícil escoger los más llenos de sabiduría; pero les comparto los que, para mí, debieron haber hecho dudar al presidente Franklin. Y desde mi muy personal punto de vista, recibió una catedra digna de un gurú de la ecología.
“La tierra es la madre de los Pieles Rojas”.
“Las flores perfumadas, son nuestras hermanas; el venado, el caballo, el hombre, todos somos la misma familia”.
“Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed; son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos”.
“El aire tiene un valor inestimable para el Piel Roja; ya que todos los seres comparten un mismo aliento; la bestia, el árbol, el hombre; todos respiramos el mismo aire”.
“El aire comparte su espíritu con la vida que sostiene”
“El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida, también recibió sus últimos suspiros”
“Si los hombres escupen sobre el suelo, se escupen a sí mismos”
“Soy un salvaje y no comprendo como una máquina humeante puede importar más que un búfalo al que nosotros matamos, solo para sobrevivir”.
“Nosotros hemos enseñado a nuestros hijos que la tierra es nuestra Madre”
“Esto sabemos: La tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra”.
“Todo lo que le ocurra a la tierra, les ocurrirá a los hijos de la tierra”
“Sabemos una cosa: que quizá el hombre blanco descubrirá algún día, que su Dios es el mismo que el nuestro”.
Ahora 168 años después nos damos cuenta que todo lo vertido en esa carta sigue siendo vigente. Y ahora más que nunca debemos amar y cuidar a nuestra Madre Tierra, porque somos más lo seres humanos que habitamos este planeta y, por ende, contaminamos más con nuestros desechos. Razón por la cual, debemos desde el seno familiar, fomentar la conciencia en nuestros hijos y personas que nos rodean el amor y respeto a nuestra Madre Tierra, que como expuso el Jefe Seatl, si por nuestra irresponsabilidad y desorden no le damos el tratamiento ni el destino correcto a nuestros desechos, moriremos ahogados en ellos mismos.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) que es el principal promotor del Día Mundial de la Madre Tierra, está lanzando una convocatoria para que evitemos que los océanos se llenen de plásticos y se vuelvan más ácidos; a evitar los incendios forestales y la tala desmedida de los bosques. Evitar el comercio ilegal de flora y fauna silvestre con sus dramáticas consecuencia contra nosotros mismos.
Evitemos la contaminación excesiva e innecesaria en nuestras actividades y empresas. También haciendo un uso moderado de los automóviles y reciclando bolsas y envases.
Debemos cobrar conciencia de lo fundamental que es el amor y el cuidado de nuestra Madre Tierra; porque es lo único que tenemos para seguir viviendo antes que el infortunio nos alcance.
El autor es cronista del Pueblo de San Lorenzo Chamilpa. Cuernavaca, Morelos.
