El día de ayer nos despertamos con la triste noticia del fallecimiento del querido maestro Jorge Cázares Campos, gran paisajista, promotor cultural, conocedor de la historia y cultura de nuestra entidad.
Tuve la fortuna de conocerlo desde niño, ya que era muy amigo de mi padre. A finales de los años sesenta, don Jorge tenía su estudio en el segundo piso del Pasaje Caballero, en la calle de Guerrero; junto a este se encontraba el despacho de abogado de mi papá. Al medio día, al terminar mis clases me iba a su despacho y de vez en cuando me metía a su estudio para verlo pintar, él a su vez, me recibía con afecto.
El maestro Cázares nació en Cuernavaca el 20 de noviembre de 1937, en la calle de Hidalgo, muy cerca del Palacio de Cortés, en pleno centro de la ciudad. Era el mayor de siete hijos del matrimonio de Ana María Campos Peralta y Benito Cázares, empleado del gobierno estatal.
Enfrente de dicho Palacio estaban las oficinas de correo y telégrafos y había un pequeño jardín que colindaba con el callejón de Gomara (hoy boulevard Benito Juárez), ¡Ese pradito era mío! -decía el maestro Cázares- “Ahí jugaba, había una fuentecita y estaba lleno de amapolas, hacía barquitos y carritos de papel y cartón, jugaba con las amapolas, y me ponía a dibujar y a modelar con plastilina. También andaba en triciclo alrededor de la escultura del general Carlos Pacheco”.
El maestro Cázares al referirse a su ciudad natal escribió:
En Cuernavaca “…descubrieron mis sentidos, mis ojos, la luz pulcra que arropó mi éxtasis. El olfato y el gusto se hicieron finos y selectivos, en la diaria convivencia con la abundancia, los frutos, las guayabas pomarosas. Olía como ninguna otra ciudad huele, olía a Cuernavaca. Las aves, la flora y los insectos y el murmullo de los apantles, abrieron mis oídos, al suave rumor y canto de los vientos. Y mi pie se acostumbró a la tibieza permanente de las estaciones, imperceptibles del paraíso eterno…”, y agrega, ¨Cuando ves el edén, cuando vez el Palacio de Cortés, huertas, y tanta naturaleza es obligado pintar el paisaje”
Don Jorge Cázares en 1940 ingresó al Jardín de Niños Resurgimiento, en la esquina de las calles de Arteaga y No Reelección, en donde recibió el amor y afecto que le prodigaban sus maestras. Asimismo, entre juegos propios de esa etapa aprendió a modelar plastilina, barro y lo más importante para él, aprendió a dibujar.
Al iniciar sus estudios primarios ingresó a la escuela Benito Juárez, en la esquina de las calles de Netzahualcóyotl y Miguel Hidalgo, en pleno centro de la ciudad, escuela que en aquel entonces era dirigida por el maestro Manuel Villavicencio Pérez.
Posteriormente, estudió en la escuela Cristóbal Colón, con el padre Armando Vargas Caraza, quien le dejó una profunda huella que marcó su vida. Además de las materias de rigor como historia, civismo, aritmética, etc., el padre Armando les enseñó moral y buenas costumbres, con el famoso “Manual de Carreño”, y a través de un grupo scout le enseñó valores como el honor, la valentía y el respeto.
Las necesidades económicas lo llevaron a buscar trabajo, y en 1953 comenzó a laborar en el estudio del maestro Luis Betanzos, pintando tarjetas de navidad que le pagaban por cada docena realizada. El maestro Betanzos a su vez las vendía en el Palacio de Cortés, junto a los murales de Diego Rivera.
Don Jorge, cada vez se sentía más atraído por la pintura, pero no quería pintar solamente tarjetitas, buscaba algo más, así que, en 1955 con el pretexto de que no querían pagarle más, salió del taller del maestro Betanzos para buscar nuevos rumbos.
Tenía que salir adelante, porque necesitaba el dinero y en una ocasión una persona le preguntó que si podía dibujar toreros para venderlos en el Palacio de Cortés, él le respondió que sí y empezó a hacerlos.
Don Jorge tuvo que volverse autodidacta para poder seguir con su pasión que era la pintura.
- “Me iba a los pueblos, a las montañas y desde ahí me quedaba observando todo. La perspectiva, el volumen, la luz, todo eso lo aprendí en los libros que sacaba de la biblioteca pública, y de la experiencia cuando pintaba aquel paisaje natural”. -
El maestro Cázares Campos fue, sin lugar a dudas, el mejor paisajista mexicano del siglo XX, y muchos críticos de arte lo compararon frecuentemente con José María Velasco (1840-1912), por la gran afinidad que tiene con su obra. Sin embargo, desde el inicio de su carrera el maestro Cázares buscó marcar diferencias con Velasco, mediante la utilización de colores pardos, como el ocre rojizo, así como por su originalidad y estilo propio muy detallista.
El maestro Cázares será siempre reconocido en México gracias al trabajo que realizó para “La Compañía Cerillera La Central”, propiedad del señor José Barroso Chávez, que le encargó 200 pinturas de diferentes partes del país. Cázares viajó en su auto por todo México, a fin de captar el maravilloso paisaje mexicano, sus montañas, los solitarios desiertos, hermosas planicies, viejas construcciones y los típicos pueblos y ciudades de nuestro hermoso país.
El querido maestro Cázares siempre fue una persona educada, amable y alegre. Hombre respetado, apreciado y admirado por la sociedad morelense y pasará a la historia como un ilustre morelense.
El maestro Jorge Cázares Campos fue el mejor paisajista mexicano del siglo XX.
Por: Valentín López G. Aranda / valentinlopezga@gmail.com
