Venerable cura, inmortal defensor de la libertad, insigne caudillo que fue el azote de los realistas. Morelos auxilió el proyecto de Hidalgo en la gloriosa insurrección mexicana (Domingo Diez). Morelos autor de los “Sentimientos de la Nación”, documento de 23 artículos que proclama los ideales de un pueblo oprimido que anhela la libertad, la justicia y la igualdad; se dieron a conocer en el Congreso de Anáhuac y fueron fundamento de la primera constitución mexicana (Juan J. Landa). Morelos es reconocido por su gran capacidad militar y  genio político. No sólo fue al encuentro de la gloria del guerrero, luchando vigorosamente en cada batalla, sino que también se preocupó por establecer las bases de un nuevo sistema político independiente para México (Antonio Arriaga). Morelos en cinco años de lucha alcanzó la inmortalidad. Fue un hombre de acción en el combate, generoso con su gente y un genio militar nato, que en los “Sentimientos de la Nación” plasmó su pensamiento político. Su corta vida militar lo consagró como héroe. Salió ileso de entre las balas cuando rompió el sitio de Cuautla (Valentín López González). La grandeza de Morelos se resume en la propia forma que tuvo de calificarse como “Siervo de la Nación” (Dzunum). Morelos el hombre más notable que hubo entre los insurgentes (Lucas Alamán). Morelos el más extraordinario de los caudillos de la independencia, por su valor, sus dotes de organización militar, su sagacidad y su estrategia. Fue el gran capitán, no sólo de las batallas, sino de las esperanzas de redención de los de abajo (Manuel Mazari). Morelos es un monumento de la historia patria. Expresa la condición dramática pero extraordinaria del hombre-héroe y del héroe-hombre, en una fórmula insuperable que lo define como pasante del sacrificio y doctor de la lealtad, como soldado del heroísmo y mariscal de la libertad (Salvador Pineda). Morelos héroe máximo, augusto, legislador, victorioso, el primero y más alto de los mexicanos, el que siempre reconoció a Hidalgo como su maestro. Se distinguió en formar jefes (Alfonso Teja Z.). Morelos, el hombre, tal vez no aparezca más alto ni más admirable, pero Morelos, el héroe, es cada día más digno de admiración. No solamente por su aureola de guerrero, sino por el movimiento social y político que pudo encarnar y simbolizar (Alfonso Teja Z.). Morelos se había convertido en el más exitoso de los jefes insurgentes. Había derrotado en varias batallas a las fuerzas virreinales. Había despojado al gobierno español de amplios territorios al sur de la Nueva España. Había mostrado ser un caudillo exitoso y carismático, un estratega inteligente y un político capaz de imponerse a los que competían por encabezar el gobierno insurgente (Alfredo Ávila). Gracias a Morelos la revolución de independencia culminó en la primera Constitución de México. El Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, fue signado por 11 constituyentes; conocido como la Constitución de Apatzingán (Patricia Galeana). Esta constitución, que fue la culminación de Morelos como ideólogo, rodeado de un equipo de brillantes legisladores, se sustentó sobre los principios de la Soberanía Popular, de Independencia y de la División de Poderes; reconociendo los derechos de Libertad e Igualdad. Adoptando una forma republicana de gobierno y declaró la libertad en la industria y el comercio y la libertad de pensamiento y de imprenta. Debemos considerar a Morelos como el forjador de una Nación, en medio del fragor de una guerra como la insurgente y asediado por múltiples amenazas y peligros. La constitución de Apatzingán es la estructura de la Nación Mexicana (Fernando Anaya). Morelos cumplía el mandato de Hidalgo. Habló, actuó, luchó, murió con el fin de engendrar una época nacional creadora. Fue conciencia y voz de los que sufrían el estado de injusticia social. Fue el guía indiscutible del levantamiento insurgente (Agustín Churruca). Morelos logró con el Congreso de Chilpancingo lo que no pudo lograr López Rayón: la unidad y prestigio de la revolución de independencia. El “Siervo de la Nación” amó con pasión a ese congreso, se subordinó a él y custodiándolo como padre, cayó prisionero después de las derrotas de Valladolid y Puruarán. Morelos había cumplido la misión que le inspiró su gran espíritu empecinado por la libertad. Cuando lo aprehendieron, ya había ofrendado a su patria la herencia imperecedera de su libertad. La semilla sembrada por Morelos seguía en potencia para fructificar más tarde. No en  balde había creado la nación mexicana (Fernando Anaya). Un punto cardinal guiaría a Morelos en todo momento: el sur, siempre el sur, la tierra caliente. Tal panorama sería su sostén por cinco años, su escudo protector. Por ello desconfió siempre de operar en el altiplano. Desestimó dos buenas oportunidades para caer sobre Puebla, una antes de avanzar hacia Cuautla y otra después de la toma de Oaxaca. Y cuando al fin se decidió a atacar una ciudad templada, Valladolid, fracasó con estrépito y ahí acabaron sus días de gloria. Los dioses lo dejaron solo (Ernesto Lemoine). El virrey Calleja consideraba que no había nadie en toda la Nueva España con el genio audaz y emprendedor de Morelos; por eso, después de haberlo capturado, desplegó toda su poderosa maquinaria para consumar su obra de aniquilamiento –moral y material- en la figura del insigne prisionero. Vejado, insultado y engrillado, cayó derrotado ante sus jueces (Alfredo Ávila). Morelos, caudillo preclaro, héroe de la patria, defensor integérrimo de la independencia, cuya sangre derramada en un patíbulo fecundó la santa causa de la libertad mexicana (José Ceballos). Nadie -ni siquiera Morelos- podía adivinar que en menos de un lustro pasaría de ser un sacerdote, dedicado a sus labores rutinarias, al estratega que puso en jaque al gobierno virreinal. Militar pundonoroso y batallador, dirigente de tropas y quien imaginó el futuro político independiente de la que llamó la América Mexicana. En un lustro Morelos surgió, brilló y fue exterminado. Sin embargo, el tiempo le daría una estatura enorme y épica: la del fundador del México separado de España (Salvador Rueda S.). Morelos se vio acorralado en las postrimerías de su cuarta campaña por el odio del virrey. Los españoles se regocijaron una vez más abofeteando al hombre justo. El rebelde encadenado sufrió las vejaciones más crueles y al fin se le sacrificó, para que no faltara en su gloria ni la aureola del martirio (Pedro de Alba). Morelos alcanzó la gloria en vida y la inmortalidad. En Ecatepec se enfrentó a la muerte como el cura piadoso, el soldado valiente, el comandante hábil, el patriota puro y el más noble héroe que ha vivido jamás (Walter S. Logan).

Morelos pintura
Morelos, obra del mixteco, óleo sobre tela, 1812, Castillo de Chapultepec.

Morelos - oleo

Morelos, anónimo, óleo sobre lámina, siglo XIX, Castillo de Chapultepec.

Por: Juan José Landa Ávila / opinion@diariodemorelos.com


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