La violencia digital emerge como la forma de agresión que ha crecido de manera exponencial, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Este fenómeno, alimentado por la falta de conciencia sobre la permanencia de la información en línea, afecta a personas de cualquier sexo o género, dejando efectos profundos y duraderos.
La profesora Rosa Jiménez Rodea de la Facultad de Derecho de la UNAM, destacó el peligro inherente al compartir contenido: “una vez ahí, las imágenes se quedan”, lo que sitúa a los usuarios en una situación de riesgo constante.
De acuerdo con datos del INEGI (2024), el 22 por ciento de las mujeres usuarias de internet en México han padecido violencia digital, lo que representa a 10.6 millones de ellas (una de cada cinco).
La violencia digital genera graves problemas con efectos constantes y perdurables en la autoestima y seguridad de las víctimas.
El investigador Rubén Francisco Pérez Sánchez (PUDH) señaló que muchos estamos inmersos en el mundo digital sin plena conciencia, lo que incrementa el riesgo, planteando la necesidad de cuestionar si la normatividad actual es efectiva.
DOBLE FILO DE LA IA
En el encuentro “Juventudes: Violencia de género en redes sociales y la inteligencia artificial (IA)”, organizado por el PUDH, se destacó el doble filo de la IA:
Alumnas como Ana Paula Reyes Rivera indicaron que la IA, aunque es una herramienta increíble, puede ser utilizada para generar violencia de género sistemática, facilitada por el anonimato.
Noemí López Ávila recordó que cada vez que subimos contenido a redes sociales, “alimentamos una base de datos que se queda con nuestra información,” la cual nutre los algoritmos.
Elías Ornelas García mencionó que la tecnología ha potencializado mercados y productos que, en ocasiones, traen consigo una violencia de fondo, incluyendo la de género.
Los universitarios participantes enfatizaron la necesidad de una mayor conciencia y educación: Iskhra Mallinali Palomares Macedo advirtió que el consumo de contenido desde edades tempranas hace a niños y adolescentes fáciles de influenciar en sus decisiones, comportamientos e incluso en el concepto que tienen de las mujeres.
La conclusión subraya que, aunque la tecnología y la IA representan una “revolución”, es crucial entender cómo los algoritmos recopilan y fortalecen la información para mitigar los riesgos de violencia digital.
