Bogotá, Colombia.- El gobierno colombiano tomó una decisión histórica y drástica para frenar un desastre ecológico: la aplicación de la eutanasia a los hipopótamos que descienden de los animales importados ilegalmente por el narcotraficante Pablo Escobar.
Esta medida busca controlar una población que actualmente oscila entre los 160 y 200 ejemplares, pero que amenaza con desbordarse hasta alcanzar las mil cabezas en la próxima década si no se interviene de inmediato.
Una herencia del narcotráfico fuera de control
La crisis comenzó en 1981, cuando Escobar trasladó cuatro hipopótamos desde África a su Hacienda Nápoles. Tras la caída del capo, los animales quedaron a su suerte en el río Magdalena, donde encontraron un paraíso sin depredadores naturales.
La ministra de Medio Ambiente, Irene Vélez, señaló que estos animales son ahora una especie invasora que contamina el agua con sus desechos y pone en peligro a especies nativas como manatíes y tortugas, además de representar un riesgo mortal para los campesinos de la zona.
¿Sacrificio o traslado a México?
El plan oficial contempla sacrificar a 80 ejemplares en una primera etapa mediante métodos químicos. Aunque la esterilización fue considerada, el gobierno colombiano la descartó como solución única por ser un proceso costoso, lento y sumamente peligroso por el tamaño de los animales.
Ante este panorama, desde México surgió una luz de esperanza. Ernesto Zazueta, presidente de la Asociación de Zoológicos, Criaderos y Acuarios de México (AZCARM), informó que ya cuentan con permisos de SENASICA para recibir al menos a 10 hipopótamos en santuarios mexicanos.
Esta propuesta busca reducir el número de sacrificios, aunque las autoridades colombianas advierten que el traslado internacional es logísticamente complejo y costoso, por lo que la eutanasia sigue siendo la prioridad para garantizar la seguridad ambiental del país sudamericano.
