Con fe, música y arraigadas tradiciones, distintas comunidades del estado de Morelos celebraron a San Juan Bautista, una de las figuras más emblemáticas del catolicismo, vinculada no sólo a la espiritualidad sino también a rituales agrícolas ancestrales que sobreviven en la cultura popular.
En Ciudad Chapultepec de Cuernavaca, vecinos y feligreses organizaron una serie de actividades religiosas y festivas que iniciaron desde las primeras horas de ayer con las tradicionales “Mañanitas” en honor al santo. Integrantes de la comunidad parroquial dijeron a Diario de Morelos que esta festividad se realiza de forma ininterrumpida desde hace más de 15 años, consolidándose como una de las celebraciones más esperadas por los vecinos.
La jornada estuvo encabezada por el párroco Celso Avilés Guerrero, quien ofició las misas matutinas en la iglesia local. Por la tarde, se llevó a cabo la procesión por las calles de la colonia, en la que participaron niños, adultos y adultos mayores. El festejo culminó con una comida comunitaria “en grande”, donde se compartieron platillos tradicionales entre vecinos y visitantes.
Aunque la figura de San Juan Bautista es ampliamente venerada en la tradición catolica, su conmemoración en Morelos y otras regiones del país tiene también profundas raíces prehispánicas. De acuerdo al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), esta celebración se encuentra vinculada con antiguos rituales agrícolas que coinciden con el inicio del ciclo de lluvias y de siembras en comunidades campesinas.
Localidades en Tlayacapan, Coatetelco y Jiutepec también realizaron eventos religiosos y culturales para conmemorar este día. En estas comunidades, el culto a San Juan se entrelaza con antiguas prácticas indígenas en las que se pedía a los dioses —especialmente a Tláloc, deidad mexica de la lluvia— que bendijeran la tierra con agua suficiente para asegurar buenas cosechas.
Algunos investigadores señalan que, posterior a la colonización, la imagen de San Juan Bautista vino a sustituir simbólicamente a Tláloc dentro de las prácticas sincréticas que aún persisten. Por ello, es común que en los rituales actuales se mantenga una fuerte carga simbólica relacionada con el agua, los campos y la fertilidad de la tierra.
