En 2025, el bigote femenino ha dejado de ser un tabú para convertirse en una tendencia estética y social que desafía los estándares tradicionales de belleza. Lo que antes era motivo de vergüenza o burla, hoy se alza como símbolo de empoderamiento y aceptación corporal.​
Esta práctica, que comenzó a ganar visibilidad en 2021 durante la pandemia, ha resurgido con fuerza en los primeros meses de 2025. Mujeres jóvenes en plataformas como TikTok e Instagram muestran con orgullo su vello facial, retando los estándares tradicionales de belleza.
Una de las figuras más destacadas en esta tendencia es Joanna Kelly, una influencer que ha teñido su bigote de colores fluorescentes, convirtiéndolo en su sello personal. Su mensaje ha conectado con una generación que busca autenticidad por encima de la estética hegemónica.​
Esta tendencia del vello facial en mujeres no solo busca visibilidad en redes, sino también abrir debates más profundos sobre los cánones de belleza impuestos históricamente. Está estrechamente relacionada con otros movimientos como el llamado “full bush”, que defiende dejar el vello púbico natural y cuestiona la infantilización del cuerpo femenino a través de la depilación extrema.​
Además, marcas de belleza más inclusivas han comenzado a incorporar modelos con vello facial en sus campañas, señal de que el discurso se está moviendo del margen al mainstream. Aunque todavía hay sectores conservadores que critican esta tendencia, la conversación pública está cambiando. El bigote femenino ya no es símbolo de descuido, sino de valentía y libertad. Como dirían las nuevas generaciones: "Si me nace, me lo dejo". La estética ahora es política, y el vello facial se convierte en una forma más de expresar identidad y autonomía.​
Esta tendencia refleja un cambio cultural hacia la aceptación de la diversidad y la individualidad, invitando a cuestionar las normas establecidas y a celebrar la belleza en todas sus formas.​
Más allá de la moda: mujeres mexicanas con bigote en la historia
Aunque esta nueva ola parece revolucionaria, lo cierto es que el bigote femenino ha tenido presencia en la historia mexicana, muchas veces más ligada a la resistencia y al rechazo de roles de género tradicionales que a una tendencia estética.
Frida Kahlo, la artista mexicana más icónica del siglo XX, es uno de los ejemplos más conocidos. Frida nunca se depiló el bigote ni la ceja, y convirtió su rostro —tal como era— en un acto de autenticidad y rebeldía. A través de sus autorretratos, su vello facial se volvió una firma visual que desafiaba la feminidad convencional.
También en los pueblos rurales y comunidades indígenas, muchas mujeres han llevado bigote sin esconderlo ni alterarlo, ya sea por tradición, por elección o por la simple normalización de su cuerpo. En esos contextos, el vello facial nunca fue objeto de polémica, sino parte de la diversidad física cotidiana.
En algunos casos, mujeres revolucionarias como "La Coronela" Carmen Vélez, aunque no son retratadas comúnmente con bigote, rompieron tantos moldes de género que en el imaginario popular —incluso en algunas caricaturas o representaciones artísticas— se les ha representado con rasgos andróginos o bigotes simbólicos como forma de subrayar su papel combativo.
La diferencia es que hoy, el bigote no sólo se acepta: se celebra. El movimiento actual se entrelaza con discursos de auto-aceptación y orgullo corporal. Más que una moda, para muchas personas es una forma de decir: “Mi cuerpo no necesita permiso para ser como es”.

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