La primera vez que se habló de que un equipo tenía un preparador físico, que además fuera relevante para el funcionamiento del cuadro y reconocido por jugadores y prensa fue con el Cruz Azul a principios de los 70.

Ese hombre se llamaba Pedro Nájera, quien había sido jugador del América y de la selección nacional bajo el apodo del “siete pulmones”, por su impresionante desgaste en el terreno de juego.

El entrenador de la Máquina Celeste era Raúl Cárdenas y además, fue el técnico del tricolor en el Mundial de 70. Don Pedro estuvo en el banquillo con él.

Posteriormente también trabajó con los millonetas de Coapa bajo las órdenes del mismo “Güero” Cárdenas y del legendario “míster” José Antonio Roca, poniendo ese sello de garantía que consistió en que sus jugadores jamás daban una bola por perdida.

El señor Nájera, luego de su retiro, vivió en la “ciudad de la eterna primavera” hasta su deceso, acaecido en agosto de 2020.

Luego vinieron algunos innovadores de la profesión, como el brasileño Aredes Barbosa, traído a los Pumas en 1974 para auxiliar al director técnico auriazul, Carlitos Peters.

Llegó a México en paquete, nada más ni menos que junto a Evanivaldo Castro “Cabinho” y el extraordinario mediocampista Spencer Coelho.

Este hombre introdujo la elasticidad como fundamento en sus ejercicios, lo cual recuperaba pronto del cansancio y prevenía lesiones.

Como todo, la actividad ha evolucionado y cada vez se involucra más la ciencia.

Normalmente el entrenador de un equipo, cualquiera que sea su nacionalidad, al ser contratado lleva su staff, casi siempre liderado por el encargado de poner a punto, desde el diario entrenamiento, al equipo en ese delicado renglón.

No es una tarea fácil ya que al futbolista le encanta jugar, pero no siempre entrenar y cuidar su cuerpo.

Por ello el encargado de esta misión debe buscar hacerlo entretenido, evitando caer en rutinas matadoras.

Viendo el partido del fin de semana entre el América y el Santos, llamó poderosamente mi atención la velocidad, la fuerza, la potencia y la garra mostrada por los jugadores azulcremas.

No hubo un balón dividido que no ganaran y casi siempre el emisor del pase, tenía dos o tres opciones para servir.

En un futbol lento, donde el balón circula en forma lateral, jugado a ritmo de vals, con poca profundidad y en general, bastante aburrido, resulta refrescante ver esa verticalidad.

Disto de ser fan del América, pero me encanta ver un buen partido de futbol y en ese rubro, el ritmo, la velocidad y las llegadas a la puerta contraria, son fundamentales.

El brasileño Mario Felipe Perez es el responsable de ese alarde de condición física que hacen las Águilas en cada partido.

Por supuesto que en esto no hay magia. Se requiere preparación, convencimiento y la disposición de los propios futbolistas, los cuales, por lo pronto…vuelan.

Cumple los criterios de The Trust Project

Saber más

Síguenos en Google Noticias para mantenerte siempre informado

Sigue el canal de Diario De Morelos en WhatsApp