Quieres que conozcan tus defectos, cásate; quieres que conozcan tus virtudes, muérete, así reza un conocido pensamiento atribuido a Juan Pueblo. Esta colaboración para Diario de Morelos no pretende hablar de política, ni su servidor se considera capacitado para ello pero, cuando un mexicano de la talla de Porfirio Muñoz Ledo se va al “salón de la fama”, considero una obligación moral rendirle un testimonio, que no homenaje, pues su vida estuvo plagada de claroscuros.
Pocos personajes han ocupado los primeros planos de la vida nacional como este hombre.
Amado y odiado, respetado y temido, hábil polemista, argumentador audaz, inteligente y preparado, estuvo en diferentes trincheras de la administración pública, de la política partidaria y de los movimientos sociales.
Militó en varios partidos políticos, siendo su primer instituto el Partido Revolucionario Institucional. Desde esa plataforma fue Secretario del Trabajo y de Educación, así como Presidente de ese partido.
Representó a México ante la ONU y fue consejero en la Embajada de nuestro país en Francia.
Rompió lanzas con el tricolor y junto con connotadas y respetadas figuras de la izquierda fundó la Corriente Democrática que más tarde se convertiría en el PRD.
Diputado local y federal, Senador de la República, en sus últimos años colaboró cercanamente con el actual presidente de México y con el partido MORENA.
Son muy pocos los políticos que realmente estudian y saben interpretar los ordenamientos jurídicos. Porfirio lo sabía pero esa misma lucidez, lo volvía pedante y francamente insoportable a la hora de debatir.
También es conocida su afición por el “tlapehue”. Parece ser que su gusto por el trago no iba aparejado con su resistencia y es una pena, porque se cuenta que perdía el estilo.
Particularmente lo saludé en un restaurante de San Luís Potosí cuando el que esto escribe presidía la Copa Telmex de futbol amateur.
Tras ser presentados por mi anfitrión, platicó conmigo de camino a su mesa, muy educado y cortés, sabía mi trayectoria en el arbitraje y me quedó la impresión que Muñoz Ledo era un encantador de serpientes.
A México le hacen falta, en el deporte, el arte, la intelectualidad y por supuesto en la política, mujeres y hombres de la talla de Porfirio. Como todo ser humano, se pueden escribir loas o denostaciones en torno a su actuar y su recia personalidad pero, se debe buscar un equilibrio.
Muñoz Ledo fue, simplemente, un hombre de su tiempo y a él se le deben muchos de los avances que hemos tenido en materia democrática y eso, por sí solo, bastaría para recordarlo. Si irá directo al cielo o de cabeza al infierno, no lo sé pero no quisiera estar en los zapatos de Luzbel o de San Pedro si a Porfirio le da por alegar. Descanse… ¿en paz?
