Cuando esta columna aparezca en el Diario de Morelos, usted amable lector ya sabrá el resultado del juego de ida en la Gran Final del campeonato mexicano, duelo escenificado en el “Volcán” entre los locales Tigres, campeón vigente y el súper líder, las Águilas del América.

Los principales actores son, desde luego, los futbolistas. En sus pies pero sobre todo en la cabeza de cada uno estará la posibilidad de darle una alegría a su afición.

La frialdad, la inteligencia emocional y el valor tienen, en ocasiones, tanta o más validez que la habilidad.

El planteamiento táctico también debe recibir un alto número en el porcentaje del éxito. Si bien André Jardine encara su primera Final, ha logrado imponer un sello de espectacularidad que hacía tiempo no se veía por los rumbos de Coapa.

Por su parte, Robert Dante Siboldi ya ha saboreado las mieles del campeonato y tratará por todos los medios, repetir la dosis logrando un bicampeonato.

Existen otras partes de la ecuación que no dependen del atleta ni del entrenador y son lo que llamó el Míster José Antonio Roca, los imponderables.

Toño Roca fue un buen jugador de futbol allá por los años 50. Salió campeón un par de veces con el Zacatepec y alineó también con Necaxa y Atlante. Jugó con México en las Copas del Mundo de 1950 y 1954.

Como entrenador logró el título con el América en su primer año, coincidiendo con la primera vez en que se jugó el torneo con el formato que daría vida a la Liguilla, ocurriendo esto en 1970, doblando al Toluca en el Azteca.

Para el Mundial de Argentina 1978 le fue confiado el timón tricolor y conformó un cuadro plagado de jóvenes promesas, entre las que destacaba Hugo Sánchez.

Le tocaron como rivales de grupo Túnez, Alemania y Polonia, en ese orden.

La prensa los infló a tal grado que ya los veíamos como campeones del mundo.

Tuvieron que regresar con la “frente marchita”, cantaba Gardel. Quedaron en último lugar.

Pero volviendo al tema, un imponderable es aquella situación que excede a cualquier previsión.

En un partido de futbol se presentan constantemente acciones que pueden cambiar o definitivamente inciden en el resultado.

Pondré algunos ejemplos: la lesión de algún jugador estrella, sobre todo si ocurre temprano en el partido. Una expulsión, que en estos tiros tan parejos puede resultar definitiva. Un penal, ya sea bien o mal marcado. Un error defensivo que culmine en gol. Un yerro ofensivo consistente en desperdiciar una clara oportunidad de marcar. Los cambios ordenados desde la banca si no resolvieron el problema para el que entraron, en fin, un buen de cosas fuera de control.

Dentro de esta categoría está por supuesto el arbitraje. En el de ayer estuvo Marco Antonio Ortiz y el domingo la responsabilidad recaerá en Adonaí Escobedo.

Ojalá que ellos y su equipo de trabajo, VAR incluido, no se conviertan en parte de…los imponderables.

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