El 28 de julio, hace poco más de una semana, la tragedia estremeció al futbol amateur en nuestro país.

Un jovencito de apenas 16 años fue alcanzado por un rayo mientras jugaba en una cancha de la colonia Antonio Barona, en Cuernavaca, Morelos.

Los testigos presenciales refieren que lo visto constituyó una experiencia aterradora.

El trueno fue ensordecedor y el relámpago que lo acompañó, de una luminosidad extraterrestre.

Leonardo Gómez Garduño es el nombre que en vida llevó este futbolista, talentoso y entregado según refieren compañeros y amigos del equipo Spartak.

Tras la descarga eléctrica, se le intentaron dar los primeros auxilios y ante la tardanza de los servicios médicos, fue llevado a un hospital en la capital morelense.

Posteriormente fue trasladado por vía terrestre a la Ciudad de México, siendo ingresado a la Clínica de Ortopedia “Magdalena de las Salinas”, donde finalmente fue declarado muerto el pasado domingo.

Por supuesto que ante el inmenso poder de la naturaleza poco se puede hacer.

El problema es que en nuestro país, son prácticamente inexistentes los protocolos de seguridad para, en casos como este, aplicar la mejor medicina que es la prevención.

No he visto, en mis muchos años de recorrer canchas a lo largo y ancho de México, una donde haya un reglamento o instrucciones para emergencias de cualquier índole.

Claro que deben de existir, pero son absolutamente minoría.

Lo que sí me ha tocado presenciar es que con lluvia y truenos, el árbitro central de un partido, ya sea de grandes o niños, trata de suspender y son los propios jugadores o los mismos padres de familia los que exigen la continuación, so pena de no pagar el servicio de arbitraje.

Lo peor es que esto no solo ocurre en el futbol llanero.

El fin de semana se jugó una edición más del “Clásico Español”, entre Real Madrid y Barcelona.

El partido tuvo lugar en el Metlife Stadium en Nueva Jersey, cuando sobrevino la lluvia acompañada de rayos.

En los Estados Unidos hay un instructivo de seguridad el cual indica que, a la primera descarga eléctrica en un radio de 8 millas o 13 kilómetros, se suspenderá el evento durante 30 minutos.

Si se vuelve a presentar el fenómeno natural, se pone el reloj en cero y se vuelve a contar.

El árbitro del encuentro, Armando Villarreal, en acatamiento a la ordenanza ya citada, procedió a la suspensión e indicó a los equipos que debían abandonar el terreno de juego.

Pues he ahí que los propios jugadores, sobre todo del Madrid, se rehusaban a salir y le pedían a gritos al silbante que continuara con el partido que solo llevaba 11 minutos.

La reanudación demoró una hora y de esa manera el público disfrutó, con toda la seguridad del caso, del triunfo culé sobre su acérrimo rival.

Desgraciadamente el rayo de Cuernavaca no se pudo evitar.

A sus padres mi solidaridad, convencido que Leonardo quizá perdió el partido por su supervivencia, pero ganó…la gloria.

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