Finalmente llegó el ansiado título que todo el americanismo deseaba. Por décima cuarta ocasión, el cuadro de Coapa levantó el trofeo que lo acredita no solo como el monarca del Apertura 2023, sino el equipo más ganador en la historia del futbol profesional en nuestro país.

De manera más que obvia, la mitad de la afición está dolida y ardida. Ser antiamericanista es un mandato divino. Solo un muerto no siente ese odio que nace en las entrañas, pasa por el corazón, se cuela al cerebro y sale por la boca como una sonora mentada de madre.

Por el contrario, los seguidores azulcrema están de plácemes y más agrandados que chancla de cartero y se vale, puesto que ganaron el campeonato a toda ley.

Súper líder, defensa menos goleada, ataque más letal, estrategia física a tope, buena dirección técnica y respeto por el espectáculo se constituyeron en argumentos más que suficientes para llenar el renglón de los merecimientos.

Jugaron bien la Liguilla, con un oportuno tropezón ante el Atlético de San Luís, para luego retomar su filosofía y ser más prácticos y contundentes que su rival en la Gran Final.

En cambio, Tigres se pasó de experto, se pusieron a coyotear y una irresponsabilidad de Raymundo Fulgencio, quién había recién ingresado al encuentro, inclinó definitivamente la balanza en su contra.

Afortunadamente las teorías conspirativas que afirmaron una ayuda arbitral para los “millonetas” quedaron sepultadas bajo una evidencia contundente: los árbitros se equivocan para los dos lados.

Particularmente el trabajo de Adonaí Escobedo me dejó con apetito y no es que influyera en el resultado, sino que se fue desinflando y encogiendo mientras el partido crecía en intensidad y se hacía adulto.

Lo que es ya realmente molesto es la cantidad de faltas que se simulan en nuestro balompié.

Esto, aunado a la constante protesta a las decisiones del juez, privan al aficionado del deleite de ver futbol de verdad.

Lo de André Pierre Gignac fue de pena ajena. Todo el partido lo trajo en el lomo Escobedo, sin rozarlo siquiera con el pétalo de una tarjeta amarilla.

También a Nahuel Guzmán ya se le pasó la cuchara en cuanto al antideportivismo.

Los payasos ni en el circo, decía mi Padre cuando éramos chavales y pretendíamos ser graciosos. Ojalá se hayan reportado minuciosamente la cantidad de tropelías cometidas por este muy buen portero, pero pésimo competidor.

André Jardine le comió el mandado, a mi parecer, en los dos partidos a Robert Dante Siboldi.

Esto no empaña la capacidad del técnico uruguayo, simplemente honor a quien honor merece.

Ya fuera de broma, vaya un abrazo a todo el americanismo, empezando por su propietario Emilio Azcárraga Jean y llegando hasta mi querido Mau, Gerente del vestuario en el club donde me precio de ser socio, Los Tabachines, en Cuernavaca. Llegó la 14.

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