Un director técnico mexicano acaba de escribir un par de páginas gloriosas en el futbol colombiano.
Se trata de Efraín Juárez, entrenador azteca de 36 años y a quién se le confió el timón de uno de los equipos más populares del país cafetalero, el Atlético Nacional de Medellín.
Solo cuatro meses necesitó el canterano de Pumas para obtener el doblete, consistente en la Copa y la Liga. Su último éxito lo tuvo ante el Deportivo Tolima al cual doblegaron al son de tres a uno global.
El cuadro verdolaga tiene su sede en el estadio “Atanasio Girardot” y el público se entregó totalmente a sus jugadores luego del triunfo.
Juárez fue integrante, como jugador, de aquella brillante generación que, de la mano de Jesús Ramírez obtuvo el campeonato del mundo sub-17 en el año 2005.
Fichó con el Barcelona pero jamás jugó y fue cedido al modesto cuadro de Barbate, pequeño poblado situado en la provincia de Cádiz, que juega en una Liga regional.
Fue convocado al Mundial sub-20 en 2007 y al año siguiente haría su debut con los Pumas de la Universidad.
Participó con la selección mayor en Sudáfrica 2010, lo que lo catapultó al futbol europeo, concretamente en Escocia con el Celtic Glasgow.
A petición del entonces entrenador del Real Zaragoza, Javier Aguirre, se integró a la plantilla junto con Pablo Barrera.
Volvió al redil para firmar con América y Rayados de Monterrey para luego poner punto final a su carrera en la MLS, concretamente con los Vancouver Whitecaps.
Su llegada al cuadro paisa estuvo signado por la polémica. Varios medios de comunicación, así como ex jugadores cuestionaban su capacidad, aduciendo poca experiencia y el hecho de ser extranjero.
Poco a poco Efra fue callando bocas, sin embargo el escándalo lo persiguió tras ser sancionado por lo que se consideró un exceso en los festejos.
En noviembre la policía de Medellín lo detuvo y fue obligado a pagar una costosa multa así como la prohibición de ingresar a cualquier estadio colombiano por espacio de tres años.
El castigo dio la vuelta al mundo porque se consideró desproporcionado. Todavía se encuentra en fase de apelación.
Siempre he manifestado que la celebración es parte inherente al gol y a las victorias, sin embargo, este debe ser respetuoso y prudente.
El hecho de festejar viendo hacia el banco contrario o de frente a la hinchada adversaria tendría que considerarse como una provocación.
Sobre todo cuando se hace el movimiento de adelante hacia atrás con los brazos, a la altura de la cintura, como Juárez suele
hacerlo.
La realidad es que con base en el trabajo diario y una buena dosis de humildad, Efraín logró unir a la plantilla, generar un buen vestuario y poner garra y buen futbol en el terreno de juego.
Mientras que en México a cualquier taco le llamamos cena y hacemos reverencias al entrenador extranjero, un tipo hecho a pulmón triunfa en suelo ajeno.
Felicidades a Efraín Juárez, a su cuerpo técnico y a cuidar esos…festejos inmoderados.
