En el futbol mexicano suceden cosas que reflejan, como pocas, la realidad del país.

Un grupo de potentados, a lo sumo doce, controlan el destino de toda la industria.

La multipropiedad está prohibida desde hace mucho tiempo por el máximo organismo rector del balompié mundial, pero eso a los dirigentes nacionales les importa un rábano.

Grupo Orlegui es propietario de Santos y Atlas; Grupo Pachuca de los Tuzos y León; Televisión Azteca maneja los destinos financiero-deportivos de Puebla y Mazatlán, mientras que Grupo Caliente posee los derechos federativos de Xolos y Querétaro. ¿Maravilloso, no?

De nada sirvió el trancazo recibido con la descalificación de la Fiera del Mundial de Clubes por este motivo.

Estos mismos genios abolieron el descenso, en una clara postura autoritaria y mezquina, cuidando solo los intereses del clan.

Solo que les ha salido el chirrión por el palito, ya que se acentuó la división entre los que gastan e invierten y aquellos que han decidido “nadar de muertito”, pagando una irrisoria suma al final del año futbolístico.

Decía Marcos Achar, propietario de Comex, que en el mundo, los monopolios están prohibidos por ser una forma deshonesta de ganar dinero, dejando fuera del espectro a posibles competidores.

Pues el único monopolio que pierde dinero es el futbol mexicano. Aunque usted no lo crea, dijera el señor Ripley.

Otro aspecto que, si no fuera tan serio, movería a risa, es la constante danza de entrenadores, en su mayoría extranjeros, que vienen y van en este nuestro deporte.

De nada sirve elaborar extensos contratos, imponer altas cláusulas de rescisión y todos los candados posibles, si al primer canto de las sirenas o el tintineo de algunas monedas el director técnico en cuestión demostrará que su palabra carece de valor.

En ejemplos recientes vimos como Velijko Paunovic se fue de Chivas a Tigres a pesar de tener un compromiso vigente.

Martín Anselmi cambió al Cruz Azul por el Porto y el patético caso de Fernando Gago, seducido y luego corrido por Boca Juniors luego de su traidora huida de Guadalajara.

Ahora toca el turno a Guillermo Almada, entrenador del Pachuca. Con contrato vigente hasta finales de 2026, al estratega uruguayo se le acabó el amor tantas veces cantado en serenatas, allá en la “Bella airosa”, para deslindarse del club, pagando él o quién lo contrate, la no despreciable suma de 4 melones verdes. Además, deja tirado al plantel a tres semanas de iniciar el Mundial de Clubes.

Todo parece indicar que su destino será La Noria.

En otro acto de alevosía bursátil, Monterrey le arrebató al chiverío al entrenador español Domenec Torrent, quien estaba apalabrado luego de su salida de Atlético de San Luís.

En conferencia de prensa, ya vestido de Rayado, le preguntaron que si dirigir a la escuadra norteña era el mayor reto de su carrera. Contestó con un escueto “no”. ¡Hubieran visto la cara del “Tato” Noriega!

Parece que el banquillo y la ética no se llevan, sobre todo cuando está de por medio…el cochino dinero.

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