Cuando usted me esté haciendo el favor de leer esta colaboración para Diario de Morelos, se estarán haciendo los preparativos para que en la noche, teniendo como sede el estadio “Nemesio Diez” de Toluca, el cuadro mexicano reciba a sus similar de Honduras, en busca del boleto a la siguiente ronda en la Concacaf Nations League.
Como sabemos, el tricolor está en desventaja fruto de su paupérrima actuación en San Pedro Sula donde, sin hacer mucho, los catrachos los doblaron al son de dos por cero.
Para acabarla de amolar, al técnico nacional le reventaron una lata en la maceta, provocando una hemorragia, en un acto de barbarie inadmisible por un patán entre el público.
La Federación hondureña culpa al “Vasco” de provocar a los aficionados. El tema es que sí hubo hostilidad y esta agresión no tiene excusa.
México está obligado a ganar por lo menos, con dos goles para forzar la prórroga.
Además, deberá tener mucho cuidado con no encajar un gol en su puerta, ya que uno de los criterios de desempate es precisamente el gol de visitante.
Ambas escuadras mostraron poco en el partido de ida, jugado en la cancha del estadio “Francisco Morazán” y la verdad, es alarmante el bajo nivel exhibido.
De México se ha dicho hasta la saciedad que le falta talento y liderazgo. Yo añadiría que calidad.
Por su parte los hondureños han tenido representativos nacionales de altísimo nivel, aunque solo han podido asistir a una Copa del Mundo.
Fue en España 82 y una de las figuras emblemáticas de esa escuadra era un hombretón moreno, de 1.84 de estatura, que jugaba como defensa central, técnico y elegante, que respondía al nombre de Gilberto Yearwood.
Muy joven debutó en su país y en un Mundial juvenil jugado en Túnez, fue detectado por el Elche de la “Madre Patria” y ahí inició su carrera internacional.
Defendió las camisetas de Motagua, Real España y Olimpia en su tierra, así como las de Valladolid, Tenerife y Celta de Vigo en Iberia.
Eterno capitán de su selección, tuve el privilegio de dirigirle y era, además, un caballero.
En una ocasión, me tocó arbitrar en Tegucigalpa el ardiente duelo entre Honduras y El Salvador. Los primeros veinte minutos fueron una carnicería. Cada entrada era más fuerte que la anterior y las tarjetas amarillas parecían no surtir ningún efecto.
Yearwood se me acercó y me dijo: “Arturo, eche a alguien porque esto va a acabar mal”.
Bendito Dios, en la siguiente jugada se liaron a patadas dos rivales y los expulsé.
A partir de ahí, vimos un juego de futbol.
En la primera Copa Oro en 1991 Honduras llegó a la Gran Final frente a Estados Unidos.
Desgraciadamente perdieron en penales con Gilberto como su gran líder
En 1994 anunció su retiro y se le hizo un encuentro-homenaje entre su selección y figuras de la Concacaf.
Gilberto me hizo el honor de invitarme para silbar el partido.
Hoy se le extraña pues su selección, como la nuestra, anda carente…de figuras.
