Originalmente priista, en 2015 José Manuel Agüero Tovar llegó a la alcaldía de Jiutepec cobijado por el PRD, el partido del entonces gobernador Graco Ramírez. El cambio de chaqueta debió persuadir a sus paisanos de que no votaran por él, pero después de todo migrar de un partido a otro no siempre resulta en malas gestiones. Para los habitantes del municipio morelense con mayor crecimiento demográfico lo malo vino después. Jiutepec ya estaba endeudado hasta el cuello, pero Tovar pensó que en julio iba a ser reelecto y taparía el agujero financiero. Sin embargo, para la mala suerte de él y sus cómplices, el tsunami de Morena lo arrolló, perdió en la jornada comicial que pintó de morado al país y Rafael Reyes Reyes se hizo con el triunfo. Sin embargo, ya no había remedio: Tovar estaba dejando endeudado a Jiutepec, y para colmo de males poco tardó en trascender que en la tesorería despareció una gran parte de la recaudación de diciembre del impuesto predial, la que los causantes suelen pagar para aprovechar los descuentos del último mes del año. El gran endeudamiento en el que, al igual que otros alcaldes, Tovar dejó sumido al municipio que gobernó, aparente o realmente no es punible, pero, de haber ocurrido en este sentido, sí es castigable la desaparición del dinero del predial. Que se hable incluso de un presunto faltante de cerca de doscientos millones de pesos, es una cosa, y otra, el quid de tecnicismos jurídicos ante la eventualidad de que Tovar vaya a prisión, como parece ser el deseo de tanta gente de Jiutepec…  ALGUNAS –sólo algunas– de las notas rojas de los últimos días: Atacado a balazos en su tienda de abarrotes de la colonia El Capulín de la cabecera municipal de Emiliano Zapata, minutos después muere un comerciante de 56 años… En la misma demarcación municipal, un joven de 26 que es asesinado a balazos queda tirado en una calle de terracería de la colonia El Calvario… Atacados a tiros por tres sicarios, un hombre llamado Noé fallece mientas su padre Leoncio (o Jerónimo) es herido en la colonia La Nopalera, de Tehuixtla. Las víctimas habían llegado procedentes de Tilzapotla, municipio de Puente de Ixtla… En el hospital “Dr. Mauro Belaunzarán Tapia” de Cuautla, expira un joven que horas antes fue baleado en su casa de Axochiapan... En el Hospital General de Jojutla, luego de tres días de haber sido balaceado en Xoxocotla, muere Emanuel “N”. Tenía 34 años y se dedicaba a vender leña… De acuerdo a testigos, tres pistoleros llegan a un puesto de cecina en la calle Otilio Montaño de la colonia Antonio Barona. Abren fuego, hieren al dueño del negocio y huyen en un coche. La Fiscalía General considera como móvil la extorsión por medio del pago de derecho de piso… Es decir, las extorsiones sobre todo a comerciantes, el método del crimen organizado al que las notas policíacas de los últimos meses muestran in crescendo. Del subsecretario de gobierno, José de Jesús Guízar Nájera, esta frase: “La seguridad necesita la suma de todos para hacer de Morelos una  entidad con mejor oportunidad y más desarrollo”. Y estas presunciones: Es y será prioridad atender el tema de seguridad, por ende, el trabajo coordinado entre Gobierno Federal, estatal y municipal han permitido hacer frente a la situación (…) La participación de la ciudadanía es indispensable para combatir el flagelo de la delincuencia, y lograr que prevalezca el Estado de Derecho y la paz social... O lo que es lo mismo: palabras reincidentes para “combatir” la inseguridad y la violencia, dichas en esta ocasión ante otros y Patricia Bugarin Gutiérrez, subsecretaria de Seguridad Pública, la senadora Beatriz Paredes Rangel y Arturo Jiménez Martínez, comisionado general de la Policía Federal. Esto en instalaciones del Senado de la República, a donde el también senador Ángel García Yáñez convocó para el encuentro intitulado “La inseguridad que actualmente afecta al estado de Morelos”… Y a petición de los tres lectores del atrilero (“¡ponlo otra vez, a ver si así reacciona la policía!”), de nueva cuenta el comentario sobre los asaltos en rutas: Los pasajeros se han vuelto precavidos, antes de abordar los microbuses o combis se encomiendan a Dios, los varones ocultan billetes y teléfonos móviles en los calcetines, las féminas en los corpiños y se dejan unas monedas en las carteras y bolsos. Ya se la saben; muchos han sido víctimas de más de un asalto en un estado de indefensión en el que necesariamente deben transportarse al trabajo, la casa, las escuelas… y protegerse como puedan. Pero al ser este un fenómeno delincuencial producto del desempleo y la descomposición social que afecta a miles de personas de bajos recursos, nada o muy poco realmente efectivo ha logrado hacer la autoridad para combatirlo. Al final, de lo que hablamos es de un viejo problema de seguridad pública, porque el 75% de la población morelense es transportada en las rutas que se desplazan en el territorio estatal… (Me leen después).

 

Por: José Manuel Pérez Durán

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