Como ya se ha observado, los daños materiales por los huracanes suelen ser catastróficos; cada año crecen en magnitud y capacidad devastadoras. La noche del lunes les fue como en feria en Tepoztlán; el “mini huracán” que los sorprendió inundó casas, el agua se precipitó a raudales y desbordó una barranca, cayeron árboles, dañó vehículos. En el barrio Santa Cruz el agua alcanzó un metro de altura, estropeó muebles y aparatos electrodomésticos. El martes por la mañana, las huellas de los estropicios causados por el chaparrón cerraron la circulación vehicular en la entrada principal del pueblo.  Las afectaciones económicas fueron millonarias, pero no precisadas, y por fortuna no hubo daños personales.
Es cuando nos acordamos de los huracanes.  Janet es el primero del que se tiene registro como categoría 5 de la escala Saffir-Simpson. Tocó tierra el 27 de septiembre de 1955 en el sur de Quintana Roo, devastando su capital, Chetumal, cuyas construcciones (la mayoría de madera) fueron arrasadas quedando un puñado en pie, con cientos de muertos y millonarias pérdidas. México: Hasta 2017 considerado el más poderoso del Pacífico, con vientos de hasta 260km/h., tocó tierra el 29 de octubre 1959 cerca de Manzanillo (oeste), dejando más de 1,000 muertos a su paso. Beulah: El 16 de septiembre de 1967 atravesó la porción norte de Quintana Roo, a la altura de la isla de Cozumel, para regresar al Atlántico y ganar fuerza hasta alcanzar la categoría 5 antes de golpear el noreste de México y Texas. Cobró unas 40 vidas en territorio mexicano. Liza: Registró la categoría 4 el 30 de septiembre de 1976, antes de golpear el sur de la península de Baja California. Dejó más de 1,000 muertos y decenas de miles de damnificados. Gilberto: De categoría 5, tocó tierra el 14 de septiembre de 1988 por Cozumel antes de arrasar las playas de Cancún, para luego regresar al Atlántico y volver a golpear el noreste de México. Llegó a internarse en el antiguo cauce de un río seco en Monterrey, desatando una devastadora inundación y unos 200 muertos en la capital regiomontana.  Paulina: Tocó tierra la tarde del 8 de octubre de 1997 en las costas Oaxaca para horas después internarse en Guerrero, con precipitaciones récord que provocaron un deslave en la zona montañosa de Acapulco. Murieron cientos de personas. Wilma: El más errático y destructivo que ha golpeado México, tocó tierra como categoría 4 el 21 de octubre de 2005 por Cozumel para después arrasar por más de 48 horas a Cancún y la Riviera Maya. Dejó ocho muertos y más de 10,000 millones de dólares en pérdidas, sobre todo en lujosos hoteles. Manuel e Ingrid: De manera simultánea, uno entró como tormenta tropical en la costa del Pacífico y el otro como huracán en el Golfo de México, a mediados de septiembre de 2014. Causó 157 muertos y al menos 1.7 millones de damnificados. Un fenómeno inédito en la historia reciente. Orlene: Tormenta sobre Baja California Sur, entre el 10 y el 13 de septiembre de 2016. Llegó a categoría 3 con inundaciones en el municipio de Cajeme, sin riesgos mayores para el resto de la entidad. 
Pero no es necesario radicar en las costas para padecer los estragos de un huracán. En Morelos menudean las inundaciones por las crecidas de ríos y barrancas… (Me leen después).
 

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