De enero a la primera quincena de mayo, personal del Ayuntamiento de Jiutepec que limpió 11 kilómetros lineales de las barrancas de Analco y La Gachupina retiró 10 mil 450 kilos de basura, 480 metros cúbicos de poda y maleza, así como 45 metros cúbicos de azolve. Los trabajos de limpieza evitan desbordamientos en la temporada de lluvias que está arrancando y que poco tardarán en arreciar, como sucede todos los años. Es el caso de las colonias José María Morelos y Pavón, El Porvenir, Ampliación Bugambilias, Puente Blanco, Tlahuapan, Constitución, Pinos Jiutepec, Jiutepec Centro y Maravillas de Axexentla.

Pero la labor de prevención que tiene lugar en Jiutepec no ocurre en otros municipios donde sus habitantes también conviven con barrancas. El tema es advertido en el documento “Barrancas de Morelos, programa de valoración social de capital natural de las barrancas”, que destaca a Cuernavaca como una ciudad “atravesada por un maravilloso sistema de barrancas que nace en la Región Norponiente del Estado de Morelos (RNEM), en el denominado Glacis de Buenavista que ha sido modificado no sólo por la invasión a la zona federal y la construcción de viviendas, también por la contaminación de sus cauces con residuos sólidos y aguas residuales”. Explica: la RNEM es uno de los territorios más privilegiados de México, con paisajes naturales conformados por las sierras del Chichinautzin y Zempoala, de las cuales se desprende un abanico de barrancas que son un espacio rico en biodiversidad donde se da la presencia de diversos ecosistemas.

En este tema, el comentario del columnista ha sido reiterativo:

Las cañadas de la antigua Cuauhnáhuac no son majestuosas a la manera de los volcanes que sobresalen en el horizonte, su maravilla radica en una orografía hundida pero escondida por el inevitable y devastador crecimiento urbano. ¿Cuántas veces hemos transitado a pie o en automóvil y no percibimos su benéfica existencia, a la cual debemos el clima que hizo mundialmente famosa a la capital del estado de Morelos? Pasamos encima de ellas, las hemos llenado de desagües, las hemos utilizado como basureros, habitamos sus riberas desalojando flora y fauna, casi hemos acabado con semejante bendición. Desde las goteras del Chichinautzin hasta más allá de Temixco, el gran valle de Cuernavaca tiene alrededor de sesenta barrancas, convertida la capital en ciudad de eterna primavera por la regulación del clima gracias a sus cañadas. Una de las más importantes es la de Amanalco que en la conquista sirvió de defensa natural contra Hernán Cortés. El ambicioso hispano logró atravesarla por el vado de lo que ahora es el Puente del Diablo, aunque el grueso de su tropa lo hizo a la altura del actual puente de Amanalco, derribando un gran árbol para utilizarlo como pasarela. La escena fue inmortalizada por Diego Rivera en el mural del Palacio de Cortés.

En la última década del siglo pasado, Amanalco fue parcialmente rescatada; se construyó un andador de trescientos metros acondicionado como paseo turístico. La entrada era al lado de la vecindad de La Coronela y la caminata se prolongaba hasta abajo del puente Porfirio Díaz, en donde se admiraba el denso follaje y la tranquilidad que se sentía al bajar, ahogados los ruidos del trajín de la ciudad al punto de que sólo se escuchaban los cantos de las aves y el agua que corre entre las piedras. Debajo del puente –una maravilla de ingeniería de finales del siglo XIX– se advierte la magnitud del valor natural y ambiental de las barrancas. En una breve descripción técnica, las cañadas capitalinas forman un gran cono de deyección que parte de la arista sur de la Sierra de Zempoala y se proyecta unos 20 kilómetros al sur, afuera de los límites del municipio de Cuernavaca y hasta Acatlipa, ya en Temixco. La presencia de las barrancas, junto a las corrientes de agua de los ríos y la vegetación, provoca el clima agradable para Cuernavaca y parte de Temixco, en donde el gradiente térmico no muestra grandes oscilaciones durante el año… (Me leen mañana).

Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.

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