Se trata de los productos vendidos a los infantes en cooperativas escolares: fritos, doritos, pingüinos, twinkis, gaseosas azucaradas y una variopinta gama de golosinas, exceso de grasas y carbohidratos. Si agregamos falta de actividad física por el síndrome del inmoderado consumo de internet, el resultado es sobrepeso/obesidad y diabetes e hipertensión infantil.

Una encuesta a nivel nacional reveló que en México uno de cada 4 niños de entre 5 y 11 años de edad tiene sobrepeso u obesidad, mientras los adolescentes lo padecen uno de cada 3; por lo tanto, que nuestro país se ubica en los primeros lugares a nivel mundial de infantes con obesidad.

Es una enfermedad que aumenta el riesgo cardiovascular, ya que enfermedades que antes eran exclusivas de adultos –diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial, aumento de triglicéridos y colesterol– se presentan en grupos de esta edad.

Educación sexual. El tema no es nuevo, desde los años ‘80 se estrenó en primarias y secundarias, en los ’90 y principios del milenio se detuvo por los doce años de los gobiernos panistas, luego avanzó a regañadientes y jaloneos con la jerarquía católica y la conservadora Asociación Nacional de Padres de Familia. Uno de los puntos culminantes fue la aprobación, el 17 de mayo de 2016, de la ley para los matrimonios igualitarios o del mismo sexo, además de algunos “libros complementarios” de la Secretaría de Educación Pública (SEP) que incluyen aspectos de la llamada “educación sexual en la diversidad”.

Pero no todo es conservadurismo. De acuerdo a cifras de 2016, un 70 por ciento de los mexicanos está a favor de que la educación sexual y reproductiva sea instaurada como asignatura obligatoria en las escuelas públicas. Este porcentaje es mucho más elevado que el de años atrás. Hace sólo quince años, dos de cada diez mexicanos consideraban que la enseñanza de métodos anticonceptivos en la escuela favorecía la promiscuidad y no constituía una herramienta informativa.

Es otro hecho que a partir de 2015 las mujeres mexicanas, y en especial las adolescentes e indígenas, están expuestas a una gran cantidad de piedras en el camino para acceder a información, a métodos anticonceptivos, a servicios de educación sexual y reproductiva y llegado el momento a la posibilidad de optar o no por un aborto legal.

De acuerdo al mismo sondeo, sólo un 13 por ciento de la población dijo saber “mucho” sobre el tema, el 51 afirmó saber “algo” y un 3 por ciento admitió “no tener ni idea sobre el tema”. Esto demuestra la desinformación que existe en temas de salud sexual y reproductiva.

Embarazo. El asunto no es menor; también está considerado como un problema de salud pública. Proliferan los embarazos en niñas de 15 años, sobre todo por ignorancia de las consecuencias de las prácticas sexuales, la desinformación de los padres y la avalancha de información de “entretenimiento” que induce conductas precoces en niños/niñas adolescentes.

En estas situaciones sectores liberales y vanguardistas consideran que debería ser un derecho el acceso al aborto legal y seguro, como parte esencial de los servicios de salud reproductiva a los que tienen derecho las mujeres, sobre todo las más jóvenes. Argumentan que es el respeto a la autonomía reproductiva femenina, y que además esta materia debe formar parte del programa que se pretende impartir en las escuelas.

La prevención del embarazo no deseado y de las enfermedades de transmisión sexual son dos aspectos de especial importancia para la promoción de la salud de los adolescentes varones. También ellos deber ser conscientes de que, como dicen ahora chavas y chavos conscientes: “si vas a la fiesta… lleva globos”… (Me leen mañana).

Por: José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com 


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