Un par de diputados locales de Morelos acompañaron recientemente a Miguel Ángel Rabadán Castrejón a Monterrey. Por amigos, y más que eso previsores porque antes de que termine el 2021 concluirán sus períodos de legisladores, quedarán desempleados y en una de esas emigrarán a la Sultana del Norte donde el ex alcalde de Jiutepec les daría trabajo. Rabadán acaba de agarrar la chamba más grande de su vida: la de administrador de la Aduana de Monterrey. Contra lo que se pudiera pensar, aparentemente no fue su amigo y ex jefe Rabindranath Salazar Solorio el que desde la Subsecretaría de Gobernación que encabeza le consiguió el “huesote”, sino probablemente Horacio Salazar Duarte Olivares, el administrador general de Aduanas de México con quien Rabadán habría hecho migas en las entretelas de la última campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador. Siempre apadrinado por “Rabín”, quien lo hizo director del Sistema de Agua Potable de Jiutepec, Rabadán escaló a la alcaldía de ahí mismo, donde acabaría dejando una deuda pública de 200 millones de pesos. Meses más tarde, desde el Banco Bienestar el propio Rabindranath lo nombró encargado del programa federal Jóvenes Construyendo el Futuro. Pero poco tardó la dupla de viejos amigos en discrepar con los principios de la 4-T. Al menos así pareció en septiembre de 2019, cuando 900 becarios del citado programa realizaron una protesta pública contra Salazar y Rabadán. Los acusaron de abuso de poder, de coaccionar la entrega de becas y de usarlas con fines políticos. Rabadán aseguró que dos empresas no avaladas por el programa en el cual se inscribieron algunos de los becarios no cumplieron requisitos, y se les pidió que se registraran en otras empresas que sí estuvieran acreditadas en el programa. La protesta paralizó medio Cuernavaca, arrancó a las ocho de la mañana en la avenida Plan de Ayala a la altura de las oficinas federales del programa social, mientras otro bloqueo tenía lugar en la caseta de Oacalco de la carretera La Pera-Cuautla al mismo tiempo de más manifestaciones por el mismo motivo en los municipios de Jojutla, Yautepec y Jiutepec. Los jóvenes acusaron a Salazar y a Rabadán de desviar recursos del programa. Gloria Patricia Montúfar Bahena, integrante del comité de becarios formado ex profeso, aseguró que a pocos días de cobrar su segundo pago “Miguel Ángel, de forma arbitraria y por sus intereses, nos desvinculó de las empresas que elegimos para capacitarnos”. Pero una de dos: o los chavos de los actos de protesta no tenían toda la razón de su lado, o el entuerto fue enderezado sin que ello trascendiera con el mismo estruendo que la manifestación callejera. Así suele suceder en la política a la mexicana, que si en esencia no ha cambiado facilita que los “todólogos” sigan ocupando cargos públicos aunque, como se dice ahora, no reúnan el perfil. O sea, la profesión por estudios cursados o la especialidad por experiencia laboral. Miguel Ángel Rabadán ni es licenciado en derecho internacional o mercantil ni tiene antecedentes laborales en el campo de las importaciones y exportaciones, como se supone deben ser los encargados de las aduanas de México. Dicho sea de paso: designados militares marinos por honestos en las aduanas, según la instrucción que hizo pública López Obrador sólo dos civiles fueron ubicados en aduanas, las de Monterrey y Toluca. Se entiende que AMLO no puede estar en todos lados para cuidarle las manos y hacerles manicure a funcionarios federales corruptos. Habida cuenta la importancia del recinto aduanal de Monterrey, donde tantas cosas buenas y malas pasan de ida y vuelta a los Estados Unidos, se da por descontado que Horacio Salazar le pudo comentar al Presidente que Rabadán no es un funcionario cien por ciento recomendable ante las tentaciones de tanto dinero aduanal. ¿Entonces?.. (Me leen después).
Por JOSÉ MANUEL PÉREZ DURÁN / jmperezduran@hotmail.com
