En Cuernavaca, con 366 mil habitantes, a partir de este viernes y hasta el mismo día de la próxima semana estarán cerrados los panteones. Dictada por el alcalde Antonio Villalobos por sugerencia del Comité de Contingencia Covic-19, la medida es para evitar grandes concentraciones de personas, como tradicionalmente ocurre el Día de las Madres en los campos santos. Y en Jiutepec, donde viven 314 mil, el presidente municipal Rafael Reyes Reyes dicto la misma disposición. Para la historia, será la primera vez que no abran los panteones. (Me parece que esto no sucedió en la época de la Revolución). Vigente pero sólo en Cuernavaca y en otras localidades la “ley seca” que prohíbe la venta de bebidas alcohólicas, la Junta de Gobierno del Instituto de Desarrollo y Fortalecimiento Municipal del Estado de Morelos anunció que los alcaldes solicitaron al gobierno estatal que, dado el incremento de contagios de cólera virus en las últimas semanas, decrete, ya, la “ley seca” en los 36 municipios. Semana crucial esta que corre en la curva de los contagios del cólera virus, el “quédate” en casa debería ser a huevo, no voluntario. Y perdón por la expresión… TREINTA y cuatro personas habían muerto el jueves pasado, y 32 dados de alta tras beber alcohol de caña adulterado en municipios del sur de Jalisco. Detenido el presunto responsable, deberá permanecer en prisión preventiva o!ciosa durante dos años o lo que dure el proceso. La nota recuerda el envenenamiento masivo en el Morelos de hace 26 años.

Fulminado un número elevado y hasta hoy impreciso de personas que ingirieron mezcal con metanol, diciembre de 1994 marcó el inicio del que sería el sexenio más turbulento de los últimos tiempos. Intoxicados por la ingestión de mezcal adulterado, el día 12 cayeron los primeros 19 muertos y luego de cinco días la cifra aumentó a 38. Pasada una semana, la estadística o!cial de decesos aumentó a 43 y poco tardó en subir a 60,pero incluso habiendo superado seguramente el centenar jamás se sabrá el número verdadero de fallecimientos. Las familias de las víctimas no fueron indemnizada. En medio del escándalo nacional y los reproches ante la ausencia de medidas de prevención, después del niño ahogado el gobierno tapó el pozo. El martes 13, los Servicios Coordinados de Salud decretaron la “ley seca” en Mazatepec, Coatlán del Río, Miacatlán, Tetecala, Emiliano Zapata, Xochitepec y desde luego Temixco, por ser el origen de la intoxicación. El viernes 16, el cerco sanitario fue extendido a Puebla, Hidalgo, Guerrero, Estado de México y el Distrito Federal, temiendo que les llegaran las botellas de mezcal con metanol. El domingo 18, la Policía Judicial agarró al primer detenido, Luis Federico Díaz Rubio, copropietario de la destilería de la cual salió la bebida mortal.

Andando las semanas y los meses, fueron encarcelados dos más de la misma familia, y César Cruz Ortiz destituido del cargo de alcalde de Temixco e inhabilitado para volver a ocupar un puesto público durante ocho años. Cuatro años más tarde, en mayo de 1998 caería el último gobernador priista, Jorge Carrillo Olea, imputados altos mandos de la Policía Judicial de que en lugar de combatir el secuestro estaban vinculados con bandas de plagiadores. Como si una cosa llevara a la otra, fue en la década de los noventa cuando comenzó a escalar la inseguridad pública. El crimen organizado sentó sus reales en Morelos, el líder del cártel de Juárez, Amado Carrillo Fuentes, se avecindó en Cuernavaca e hizo de la ex hacienda La Luz de Tetecala su quinta de descanso; bandas rivales de narcotra!cantes sembraron de decapitados el territorio estatal, Arturo Beltrán Leyva, “El Jefe de Jefes” que a sangre y fuego se había apoderado de “la plaza” de Morelos, sería abatido por la Marina Armada en diciembre de 2009. Desde aquella época la inseguridad ciudadana continúa… (Me leen después).

 

JOSÉ MANUEL PÉREZ DURÁN

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