Ciento ochenta elementos (de la Policía Estatal) pudieran estar dando protección al crimen organizado. La expresión es grave, insinúa que una gran cantidad de policías está al lado de la delincuencia, no de la sociedad. Y más delicada aún porque no la dice un activista social de la oposición –por ejemplo–, quien hace el señalamiento –fuerte, grave, insisto– es el mismísimo titular de la Comisión Estatal de Seguridad, José Antonio Ortiz Guarneros. Inamovibles por estar amparados, es por lo que el almirante Ortiz afirma haber pedido el apoyo del gobernador Cuauhtémoc Blanco para poder reemplazar a los policías malos. El caso hace recordar una acción –hasta entonces inédita y luego irrepetible– del gobernador Lauro Ortega Martínez que en abril de 1982 cesó en masa a la Policía Judicial (PJ), desde el intendente, precisó el acuerdo publicado en el periódico oficial, hasta el director, Javier Aragón Sosa. Nueve años después, comenté a propósito de una carta que me escribió Javier: “En la actualidad abogado litigante, Javier Aragón Sosa fue director de la Policía Judicial y subprocurador de justicia en el trienio 1982-85. Entonces lo ligaban al Partido Comunista Mexicano, y el gobernador Lauro Ortega Martínez lo reclutó en un equipo multipartidista que incluyó al panista Javier Aponte Rojas, nombrado director del Registro Público. Aragón no puede ‘andar en buenos pasos’. Cojea de la pierna izquierda desde agosto del 85, atacado en la colonia Satélite por un comando de pistoleros que le metió un balazo en la extremidad inferior, dos en el hombro derecho y el ‘de gracia’ en el occipital derecho. Pero vivió para contarla. ‘No me tocaba’, dice. En el escenario del ataque los sicarios dejaron 172 casquillos percutidos de diferentes calibres. Había sido director de la PJ, de abril a agosto de 1982, cuando Ortega ordenó el cese de toda la corporación; en seguida subprocurador, hasta junio del 85, y luego delegado de la Secretaría de Industria y Comercio, ‘renunciado a poco por órdenes superiores’”. Así que Aragón me envió su reflexión, de la cual reproduje esta síntesis que ahora pongo en letras “negritas”: La corrupción de las policías de los tres niveles ha dado como resultado que los ciudadanos sientan gran temor de presentar denuncia, o colaborar personalmente para erradicar el narcomenudeo, o señalar el momento en que son arrojados los cadáveres, o precisar la información del tiempo, lugar y circunstancia de los levantamientos de las distintas víctimas. Las experiencias les han enseñado que el policía corrupto primero los va a detener, los va a torturar y los señalará como presunto colaborador de los criminales, al detenerlos y extorsionarlos, decomisándoles sin orden previa en sus recursos económicos y sus bienes, amenazándolos de muerte si presentan denuncia al respecto (…) Esto es la consecuencia de que los encargados de lo que pomposamente se llama “gabinete de seguridad” son personas ajenas a la comunidad, y que los “mandos” sólo se encuentran en sus oficinas, fuertemente custodiados, y no reciben a nadie que solicite una aclaración sobre determinada acción policiaca, por el temor de que el pueblo se haga justicia por su propia mano, pues da toda la protección a sus elementos que roban y desaparecen o torturan a los detenidos por supuestos ilícitos (…) Esta reflexión me da la referencia de que mientras no se restablezca la confianza social entre la ciudadanía y los tres niveles “de seguridad”, no se podrá combatir el crimen organizado o desorganizado, pues los cobardes que están al mando no se atreven a salir a conversar con la población si no son respaldados por una fuerte escolta, y lo que es peor, el ciudadano común que los vea transitar no los podrá reconocer, pues son totalmente ajenos a la comunidad y sólo son conocidos a través de la fotografía de los diarios o la proyección televisiva. (…) Una medida para parar el mercadeo de los distintos carteles a través del narco menudeo, es tener en cuenta las denuncias anónimas sobre los lugares o personas que se dedican a esta actividad criminal, y como la Policía Ministerial se escuda (en) que sólo pueden actuar bajo órdenes directas y denuncia previa, y además corresponde a la federación esta actividad, les digo con plena certeza, por tener experiencia, que esas son pendejadas y siempre ha sido la forma de escudarse en los cobardes y los ganapanes que utilizan el lema: “si quieres llegar a policía viejo, hazte pendejo”… Hoy, treinta y ocho después, ¿están vigentes los conceptos de la carta de Javier? El lector tiene la respuesta. Otra: autónomo en términos de subordinación estatal, pues quien lo puso en el cargo es la Marina Armada, ¿es por lo que puede decir lo que dice?.. (Me leen después).

 

José Manuel Pérez Durán
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