Fue la Comisión Federal de Protección de Riesgos Sanitarios (Cofepris) el ente que clausuró el área del Rastro de Cuernavaca, donde es procesada la carne de res, pero no esta dependencia federal la que así lo publicitó, sino el secretario de Salud estatal, Marco Antonio Cantú Cuevas. Aseguró que al menos treinta personas se intoxicaron con carne de res que contenía clembuterol. Dirigido el “mensaje” al Ayuntamiento, no tuvo que ir lejos por la respuesta. La reacción del alcalde Antonio Villalobos Adán fue entre líneas, guardada la sutileza de la política pero directa. Llamó a la reconciliación a los tres órdenes de gobierno, cuando en realidad el exhorto lo dirigió al nivel estatal, dijo, a los “segundones del poder que tratan de aprovecharse de la confianza que les ha brindado su jefe”. Haciendo causa común con el edil, el secretario del Grupo Nueva Generación del mercado ALM, Manuel Delgado Ortega, ironizó: “el tema del clembuterol es político, no de salud pública”. Aseguró que el producto cárnico y los demás que ofrecen ahí a los cientos de clientes está certificado por autoridades sanitarias. Advirtió que los carniceros del centro de abasto más grande de Morelos solicitarán que las autoridades sanitarias aclaren esta situación que incluso circuló en redes sociales… A final de cuentas, sobre la carne de cerdo, pollo y res que llega de la Ciudad de México a Cuernavaca ¿hay un control estricto, acucioso, permanente por parte de la autoridad sanitaria? Esa es su obligación y es lo natural, pero no por lo que respecta al número de reses. Para ser revisadas resellándolas, pues selladas ya vienen, no pasan por el Rastro de Cuernavaca; los camiones frigoríficos cargados con canales llegan directamente a las tiendas de autoservicio, y en menor proporción a carnicerías del centro comercial Adolfo López Mateos y los mercados de las colonias Carolina y Alta Vista. ¿Cuántos? seguramente varios cientos cada día, una cantidad que el Ayuntamiento lleva años desconociendo pese a que el resellado de los canales significa una buena suma de dinero, por decir una cifra, siete millones doscientos mil pesos anuales que no ingresan a la tesorería de la comuna, calculados unos 200 canales diarios a cien pesos cada resello. Presente de nueva cuenta por estos días el tema del clembuterol, es probable que las reses “exportadas” de la CDMX no contengan esta sustancia con la que los ganaderos suelen engordarlas rápidamente, latente sin embargo en humanos que consumen hígado el riesgo de sufrir ceguera. Pudo haber sucedido en el Rastro de Cuernavaca, clausurado por la Cofepris de la Secretaría de Salud Pública durante cuarenta días, entre agosto y septiembre de 2011 y en marzo de 2014 porque en la primera ocasión 32 reses dieron positivo a clembuterol y menos semovientes la segunda vez. Decadente, con instalaciones obsoletas que datan de los sesenta, el Rastro de Cuernavaca tiene más de medio siglo de antigüedad, de modo que hace décadas su ciclo de vida útil llegó a su fin sin que las últimas seis administraciones municipales y las tres estatales hablaran de construir el nuevo rastro que necesita la ciudad. Edificado el que aún existe y suplió al antiguo Rastro de la Carolina durante la gestión 1964-67 del alcalde Ramón Hernández Navarro, entonces Cuernavaca tenía una población de aproximadamente cien mil habitantes contra más de cuatrocientos mil de la actualidad. Hoy, la mayoría de la carne de pollo, res y cerdo proviene del Distrito Federal donde es sellada, a diferencia de hasta la década de los ochenta cuando el noventa por ciento que consumía la población era del matadero que estaba y sigue hallándose en el Paseo Cuauhnáhuac. Había solamente cuatro “súpers” en la avenida Morelos, Las Palmas y La Selva, pero siguieron llegando más, ahora con departamentos de carnicerías, tortillerías, panaderías y farmacias que desplazaron a estos giros de comercios tradicionales no sólo en Cuernavaca, también en Temixco, Jiutepec, Yautepec y Cuautla cuyos consumidores cambiaron de costumbres… y de precios, más altos en las cadenas de tiendas de autoservicio que en los mercados municipales. Un problema mayúsculo que alcanza a un mínimo de un millón de personas, y la urgencia, vieja ya, de construir otro rastro en Cuernavaca, moderno, grande, limpio, cómodo. Un sueño, pues, contaminado por la política del clembuterol… (Me leen mañana).

Por:  José Manuel Pérez Durán / [email protected]