Septiembre, octubre y noviembre son meses emblemáticos por las Fiestas Patrias, Días de Muertos y la Revolución Mexicana. Festividades cívicas y tradicionales cuyos personajes forman parte del ahora llamado “patrimonio intangible” e histórico del país. Pero no siempre ocurre que en tales celebraciones exista el conocimiento del porqué y quiénes fueron los protagonistas que estuvieron atrás de algunos acontecimientos.
En este espacio hemos pugnado porque los sitios históricos ligados a la persona de Emiliano Zapata y la revolución zapatista sean debida y legalmente promovidos como atractivos turísticos. Lo hacen en Chihua-hua y Durango, con la vida y las aventuras de Pancho Villa. La fiesta popular –¿y hasta el “reventón”?– no tienen por qué estar peleados con el conocimiento de nuestras raíces históricas, la actitud cívica y patriótica que de ello derivan.
En México la práctica y enseñanza del civismo ha pasado por muchas transformaciones. Más atrás, hace décadas ya, en tiempos de la reforma educativa de Jaime Torres Bodet los maestros de primaria enseñaban en esta materia normas de urbanidad y fomentaban la disciplina escolar. Como no había libros de texto especiales de Civismo, los docentes usaban manuales de “buenas costumbres y de urbanidad”. El Civismo tuvo muchos nombres: Educación para el amor, Educación para el ciudadano, Conocimiento de las leyes, Conocimiento de la Patria, pero según algunos detractores en realidad servía “para reprimir los impulsos de la persona en bien de la civilidad”.
Frente a las presiones de grupos conservadores, como la Unión Nacional de Padres de Familia que siempre pelearon por una materia de religión en las escuelas públicas para que los niños aprendieran “valores”, los gobiernos priistas optaron por “hacer que la virgen les hablaba” … y le restaron importancia a esta asignatura.
A principios de los setenta, el presidente Luis Echeverría hizo una reforma educativa radical. Desapareció las asignaturas de Geometría y Aritmética, Gramática y Sintaxis, Física y Química, Historia y Civismo, y creó cuatro áreas del conocimiento: Matemáticas, Español, Ciencias Naturales y Ciencias Sociales, eliminado de plano el Civismo del programa de estudios.
Durante los siguientes veinte años, las clases de Civismo fueron sustituidas por los “rituales de la escuela”: Honores a la bandera, festividades cívicas, disciplina escolar y de “buenos hábitos”, complementadas con temas de cajón como la Constitución Política. Así fue que el Civismo se redujo a que los escolares recitaran de memoria artículos constitucionales, aprendieran “buenas costumbres” y llevaran el uniforme limpio.
Los alumnos de aquel pretérito aprendían una doble moral. Por sus libros de texto sabían que tenían derechos, pero en el salón se encontraban con profesoras y profesores, directivos y autoridades de oficina tan represores como violatorios de los derechos universales de los niños. Ejemplo: se les podía enseñar que Hidalgo y Morelos lucharon contra el “yugo español”, pero el alumno no podía reclamar por la dureza y prepotencia del maestro, y de la misma manera éste no podía reclamar la rigidez de directores y funcionarios del sector educativo. Por ponerlo en perspectiva, la válvula de escape a aquel sistema represivo fue el movimiento del ’68.
Tuvieron que pasar dos décadas para que en los años ochenta, y ya durante el gobierno del fraude por “la caída del sistema” de Carlos Salinas de Gortari, se comenzaran a incluir en los libros de primaria y secundaria temas de derechos humanos. Fue entonces cuando el Civismo fue sustituido por la materia de Formación Cívica y Ética, que incluyeron contenidos novedosos. “Lo importante es no quedarse a medio camino, sino avanzar para que los niños y los propios maestros adquieran la conciencia de que tienen derechos y que deben defenderlos”, se decía.
Pero además el cambio no fue por pura buena voluntad. Para obtener credibilidad y legitimar su gobierno ante el mundo, el salinato tuvo que promover algunos cambios, como fue la creación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).
En la “docena trágica” Fox-Calderón los panistas de ultraderecha se dieron vuelo; el tema dominante que sustituyó al Civismo fueron los “valores”, por supuesto, de la moral católica. El asunto de la democracia apareció poco, y fue el de la identidad nacional de aquella vieja idea de que “todos somos mexicanos, que hay indígenas y no existen diferencias”. Desdeñaron el pasado indígena y la historia de las civilizaciones mesoamericanas. Un desastre.
Para acabarla de amolar, los libros de texto minimizaron, otra vez, el tema de los derechos humanos. Entre 2000 y 2012, el estudiante aprendió que sus derechos son políticos, sin considerar que también tiene derechos económicos, sociales, culturales y sexuales… (Me leen después).
Por: José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com
