Heredero del negocio de protección a comerciantes callejeros, el dirigente del Nuevo Grupo Sindical (NGS), Ben Hur Hernández Bringas, reconoce que la pandemia del covid mantiene a otras zonas y las avenidas Río Mayo y Morelos atestadas de vendedores en vía pública. Aumentaron 200 por ciento. Pero se deslinda, asegura que inspectores del Ayuntamiento no sólo reparten permisos presuntamente ilegales sino además extorsionan a los vendedores. Nada que suene raro en el Año de Hidalgo. Un antecedente: a fines de 2012 el entonces dirigente del NGS, Bulmaro Hernández Juárez, recurrió al típico recurso del amparo para que el Ayuntamiento no desalojara a comerciantes que habían sido sacados del centro histórico. Al grito de si ustedes pueden, nosotros también, muchos locatarios de los pasajes Lido y Degollado dejaron temporalmente sus lugares y se instalaron en la vía pública para presionar a la Comuna y les quitara la competencia de lo que ellos mismos habían sido tiempo atrás: comerciantes callejeros. De lo que durante décadas se ha hablado es de esta historia ignorada por los políticos foráneos: “Los fayuqueros”, les decían. Vendían chácharas de manufactura nacional y artículos de contrabando, estaban en Tepetates y sobre la banqueta de la Woolworth, y se hicieron tantos que debieron meterlos en el Pasaje Degollado al que a mediados de los ochenta la gente bautizó como “Mercado de la Fayuca”. Pero el monstruo del desempleo siguió vomitando mercaderes callejeros, así que a fines de los noventa el primer alcalde emanado del PAN, Sergio Estrada Cajigal, edificó el Pasaje Lido… sólo para que pocos años más tarde otros se apoderaran de las calles del primer cuadro y paulatinamente se extendieran a las glorietas de La Luna, Las Palmas y Buenavista. A esas alturas ya estaban los eloteros, y poco tardarían en multiplicarse los vendedores de globos del Jardín Juárez lo mismo que los puestos de “artesanías” chinas. Desde entonces los plateros de la placita del “Morelotes” continúan esperando las instalaciones ofrecidas por varias administraciones municipales. Fenómeno social de múltiples aristas, el ambulantaje no ha escapado a la violencia. La tarde-noche del lunes 8 de mayo de 2019 transcurre de manera normal, rutinaria. De pronto, ¡pack, pack, pack! El ruido de balazos se mezcla con los gritos de los comerciantes que ofrecen sus mercancías, el ronroneo del tráfico vehicular y las voces que suben el volumen para dejarse oír. La gente se agolpa en la esquina de Guerrero y Tepetates. Observa a un hombre tirado boca abajo. Está muerto. Los curiosos conversan, dicen que uno de dos sujetos disparó y huyeron. A las nueve menos diez, personal del Servicio Médico Forense realiza el levantamiento del cadáver de un joven que más tarde será identificado como Jonathan “N” y mencionado como hermano de un líder de vendedores. Al día siguiente, el típico funcionario que gusta de declarar de todo y para todo especula con que los agresores son colombianos e insinúa la extorsión por el cobro de piso. Diez meses atrás, el 8 de mayo de 2019 el centro de Cuernavaca es sacudido por el asesinato del empresario Jesús García Rodríguez y el dirigente de comerciantes ambulantes, Roberto Castrejón. Ultimados a tiros en el costado sur del Palacio de Gobierno, el autor material es detenido tras una corretiza que acaba en la Plazuela del Zacate. Sólo pasan cuatro meses cuando el 10 de septiembre son ejecutados dos comerciantes en la sección de comida del Pasaje Lido, a pocas cuadras del Palacio de Gobierno. La nota roja describe a tres hombres armados, al parecer colombianos, altos y tatuados que irrumpieron en la sección de comida, dispararon y huyeron…(Me leen después).

Por JOSÉ MANUEL PÉREZ DURÁN / jmperezduran@hotmail.com

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