En Zacatecas, grupos de niños de primaria y secundaria suelen se llevados a La Quemada, el sitio arqueológico que el imaginario mexicano convirtió en el lugar mítico por donde habrían pasado los mexicas en su peregrinación hacia el centro de lo que hoy es México. Otro tanto sucede en la costa del Golfo de México, en las cabezas olmecas ubicadas en las zonas arqueológica de San Lorenzo, La Venta, Tres Zapotes y sitios aledaños. Los dos vestigios prehispánicos son visitados por miles de lugareños y turistas.

En Morelos tenemos el exconvento de Santo Domingo de Guzmán, específicamente en Oaxtepec, municipio de Yautepec. Considerado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, es uno de los conventos del siglo XVI mejor conservados de México, en las cercanías de las faldas del volcán Popocatépetl. Fue construido en honor a Santo Domingo de Guzmán, como el primer eslabón de una cadena de fundaciones de conventos que se extendería hasta la región de la Mixteca. Sin embargo, en el convento dominico de Oaxtepec no es común ver a grupos de escolapios llevados por sus maestros.

Pertenece al patrimonio del centro vacacional de Oaxtepec, a cargo el Instituto Mexicano del Seguro Social, cuyo director general IMSS, Zoé Robledo Aburto, recientemente lo exaltó como una parte significativa del patrimonio cultural del IMSS y del Centro Vacacional Oaxtepec. En el acto de reapertura del histórico inmueble, Robledo destacó que el IMSS promueve la cultura y el arte a través de sus teatros, deportivos, y centros vacacionales. Bien.

Pero en Oaxtepec hay más; las pistas están en la Internet. El emperador azteca Moctezuma venía a bañarse en las aguas de Oaxtepec. Los investigadores señalan que, durante sus expediciones de conquista, realizadas en 1496, Moctezuma se quedó maravillado con Oaxtepec

por su belleza natural. Seducido por la exuberancia de sus tierras, realizó lo que sería el primer jardín botánico del mundo. No sólo se encargaría de traer muchas de las especies más exóticas de aquel tiempo, sino que se entregaría en cuerpo y alma a su construcción. La devoción de Moctezuma comenzó cuando vio en estas tierras un potencial único que nadie más había visto: la posibilidad de que esta zona fuera un hermoso jardín. Inspirado por sus sueños, comenzó una empresa única que lo volvería visionario. Empezó a mandar mensajeros a distintos partes del imperio mexicano, con el objetivo de conseguir las plantas y flores más exuberantes y exóticas que hasta ese entonces se habían conocido. Las prometedoras tierras de

Oaxtepec no tardaron en convertirse en un esplendoroso jardín botánico, donde todos querían hospedarse. Diferentes emperadores aztecas usaron este paraíso como lugar de retiro o esparcimiento. La maravilla y admiración que inspiraba en sus visitantes provocó la supervivencia de este jardín por mucho tiempo. Su belleza despertaba la admiración de invitados o extranjeros de la región. El más emblemático, y el último, fue Hernán Cortés, quien al conocer el jardín lo elogió con entusiasmo. Lamentablemente, no se sabe qué sucedió con este hermoso lugar y tampoco hay un registro gráfico de la zona, aunque es posible suponer que se asemejaba a los jardines de Tenochtitlán, también conocidos por su encanto. El jardín de Moctezuma fue prueba indiscutible de la belleza propia de la tierra... (Me leen mañana).

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