El fondo del tema es la subsistencia de miles de familias que se ganan la vida en el centro neurálgico de Cuernavaca, en otros espacios de la ciudad y el interior del estado.
Y la solución que por años no ha sido aplicada, procurar lugares adecuados para reubicarlos.
Lo hemos dicho hasta el hartazgo: un cuento de nunca acabar que viene de los ochenta y lo catapultó la implantación del modelo neoliberal de gobierno.
Comerciantes informales casi siempre ha habido adentro y afuera del mercado ALM (por estos días puestos de artículos navideños invaden el andén principal) y lo mismo sucede en los mercaditos municipales.
Tomadas décadas atrás, desde entonces están invadidas las aceras de la calle del comercio tradicional, Guerrero, cuando vendedores de mercancía contrabandeada acabaron metidos en el Pasaje Degollado, más conocido en aquella época que ahora como “Mercado de la Fayuca”.
Sin embargo, el desempleo siguió pariendo vendedores callejeros que poco a poco se apoderaron de espacios en el centro y en otros sitios relativamente alejados del primer cuadro hasta convertirse en permanentes, sin locales ex profeso construidos pero prácticamente fijos.
Fue así que se dieron la construcción del Pasaje Lido y la habilitación del Puente del Dragón, con la idea hasta el día de hoy frustrada de sacar del Zócalo y de calles cercanas al comercio informal.
Ante la persistencia de la falta de empleos formales, más familias vinieron incorporándose al ambulantaje al grado de formar parte del paisaje de la Plaza de Armas, el Jardín Juárez, la explanada del “Morelotes”, Galeana, Matamoros, Guerrero y No Reelección.
(Una semana atrás, Arturo Salgado Porcayo, líder de la Asociación de Artesanos y Plateros de Cuernavaca, confirmó que en los últimos meses detectó a más de 10 ambulantes en las principales arterias del centro histórico).
Complejo el mundo del comercio ambulante, practicantes sus componentes de una cultura contraria a la formalidad y a los trámites burocráticos, resistentes a las propuestas que signifiquen cambios a su modo de ser y a su rutina de trabajo, en septiembre pasado el alcalde Antonio Villalobos intentó el reordenamiento que por décadas ha estado presente en el centro de Cuernavaca.
Pero tocó los intereses de los “líderes” que cobran cuotas de protección a los mercaderes y sus adversarios políticos que aprovecharon la ocasión para sabotear el proyecto del parque Melchor Ocampo a través de dirigir un golpeteo que duró semanas).
Fenómeno de múltiples aristas, en el comercio informal hay patrones y empleados de puestos en mercados municipales y el centro comercial ALM, los pasajes peatonales y el puente de Guerrero, en tianguis itinerantes, taquerías, fondas y toda suerte de changarros.
Caras las consultas médicas y exorbitantes los precios de los medicamentos, se enferman y no tienen IMSS o ISSSTE, de modo que les quedan tres opciones: el Seguro Popular, empeñar hasta la camisa para poder ser recetados por médicos particulares, ir a los hospitales de la red de la Secretaría de Salud o acudir a la medicina tradicional, incluidas yerbas, curanderos, brujos de a de veras y charlatanes.
Grosso modo, tal ha sido la vida de al menos tres generaciones, de miles de familias esforzadas que se ganan el sustento en el comercio irregular.
Tanta gente y tantos años han pasado que no existe una solución rápida, sólo paliativos y a veces ni eso.
No puede ser de otra manera.
Sacar para siempre a los ambulantes de Guerrero, la arteria tradicional del comercio establecido de Cuernavaca, ha sido un reclamo insistente por parte de dirigentes de organizaciones empresariales, irrelevantes, sin peso social ni político.
¿Pero qué de los semifijos y ambulantes que se ganan la vida en el resto de la ciudad? Unos autoempleados, otros con patrones y todos sin seguridad social –eloteros, vendedores de globos, etc.
–, tienen derecho a ganarse la vida.
Predios para meterlos hay, pero alejados del primer cuadro, en donde no querrán instalarse porque bajarían sus ventas, soslayadas las opciones del conjunto de edificios abandonados en Clavijero, media cuadra abajo de Guerrero, y quedada en sólo una idea la sugerencia de derribarlos para tender un puente con localitos tipo la Plaza de la Tecnología hacia la bajada de la avenida López Mateos; o construir segundos pisos en los pasajes Lido y Degollado, o que el gobierno compre y/o expropie por causas de utilidad pública el estacionamiento del costado sur de Guerrero y haga un tercer pasaje para los ambulantes y semifijos de la Plaza de Armas, el Jardín Juárez y las banquetas de las calles próximas al Zócalo.
Por buenos propósitos no hemos parado.
Mientras tanto, ¡feliz año nuevo!..
(Me leen después).
Por: José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com
