Es la feria nacional de San Marcos, en Aguascalientes, la más importante de México, la más visitada (8 millones de personas) y la que es celebrada en la mayor extensión (90 hectáreas). La antigüedad de la feria de León, Guanajuato, se remonta a 1861 y resalta como la segunda más importante del país. Pequeñas, regulares y grandes, las ferias han estado presentes en la historia de México, son celebraciones entrelazadas con la religión católica y por eso su popularidad. La de Cuernavaca ha sido una fiesta dirigida a la gente del pueblo, con los tropiezos que ha registrado al cabo del tiempo y le han impedido madurar. Pero no hay peor lucha que la que no se hace. Suspendida por años, la Feria de la Flor revivirá en 2025; tendrá lugar del 11 al 20 de abril, pero no en el Recinto Ferial de Acapantzingo, sino en el Club Hípico de Vista Hermosa. Habrá jaripeos, torneos de carreras en barriles, exhibición de caballos y juegos mecánicos gratis...
La historia reciente: En 2019 la Feria de Cuernavaca fue cancelada tras los asesinatos, en plena Plaza de Armas, del organizador Jesús García, “Don Chuy”, y el líder de comerciantes ambulantes Roberto Castrejón. Un año después, en 2020 fue suspendida debido a la pandemia del Covid-19, y en 2021 volvió a retomar el vuelo, pero bajito. La historia vieja: La feria de la Primavera data de mediados del siglo pasado. Comenzó llamándose Feria de la Bugambilia y luego De la Flor, tuvo sedes en el Jardín Borda y en el Parque Revolución, antes que el Carnaval de Cuernavaca, apoyada su organización entre 1965 y 1973 por los alcaldes Valentín López González, Felipe Rivera Crespo y Ramón Hernández Navarro. En el siguiente trienio fue suspendido el carnaval y sólo quedó la Feria de la Flor. La idea era poner a la Feria de Cuernavaca a la altura de otras del país, como la de San Marcos o la Del Caballo, una meta imposible de alcanzar. A duras penas sobrevivió, con algún repunte en las administraciones municipales a cargo de David Jiménez González (1974-76), Porfirio Flores Ayala (1976-79) y José Castillo Pombo (1979-82), bajo los gobiernos de Rivera Crespo (1970-76) y de Armando León Bejarano (1976-82).
Entre 1982 y 1988, en la administración del gobernador Lauro Ortega Martínez la Feria de la Flor agarró un nuevo aire por el respaldo que éste le dio, aunque el alcalde del trienio 82-85 y ex rector de la UAEM, Sergio Figueroa Campos, parecía poco dado a la fiesta de la gente. Con la llegada de Juan Salgado Brito a la alcaldía, la Feria de la Flor tuvo un cierto empuje y sedes alternas en los parques Chapultepec y Melchor Ocampo, el Jardín Borda y el Zócalo. Con invitados viveristas de Jiutepec, Zapata y Temixco, el festejo pareció arraigarse y poder llegar a ser una feria de alcance nacional, pero no cuajó.
Vinieron después los primeros años de la reforma políticoelectoral impulsada por la presión de los partidos medianos y chicos para contrarrestar la hegemonía del PRI-aplanadora, ya en el gobierno del priista Antonio Riva Palacio (1988-1994), lo cual propició que de 1988 a 1991 Cuernavaca tuviera tres alcaldes: Eloísa Guadarrama, Julio Mitre Goraieb y Sergio Estrada Cajigal Barrera. Vaivenes políticos por los que la Feria de la Flore resintiera un “bajón” y se perdiera lo poco alcanzado en épocas anteriores, en un decaimiento que no levantó el trienio de Oscar Luis Flores Ruíz. Fue hasta la llegada del político más carismático del PRI, Alfonso Sandoval Camuñas, que la Feria de la capital morelense agarró un segundo aire, a lo cual contribuyó el manejo político del alcalde vecino de La Cordobesa, quien ubicó el escenario de la feria en el antiguo Hotel Casino de la Selva y la fiesta capitalina se salvó de la extinción al menos por el trienio 94-97… (Me leen el lunes).
Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.
