El video se viralizó en redes sociales. Dice: “Hola, buenas noches. Mi nombre es Argelia (…). Quiero agradecer a todos mis familiares y amigos por las llamadas que me han hecho en prueba de apoyo. Quiero decirles que es muy difícil, pero hago público todo esto. Aquí en Jiutepec se sufre de violencia, yo soy una prueba de ello. Sí, he sido golpeada, lastimada, humillada y gracias a mi familia puedo salir adelante. Es muy difícil, se tiene miedo, muchos años me quedé callada, pero es hora de hablar y de hacer público todo esto.
Efectivamente, hay mujeres que por miedo a decir qué es lo que les ha pasado se quedan calladas. Mujeres salgan, denuncien hablen con quien tengan que hablar, busquen apoyo, no tengan miedo, van a ser escuchadas y ayudadas. Les vuelvo a repetir: yo fui prueba de ello, me pegaron, me humillaron y aquí estoy. Gracias a todos los que me han apoyado y ayudado a salir. Ahora puedo hablar. Mujeres, estamos en pie de lucha, denuncien. Gracias”. Quien habla es la ex esposa de José Manuel Agüero Tovar, el actual candidato del PRI-PRD a la presidencia municipal de Jiutepec, de donde ya fue alcalde en 2015-2018. El video comenzó a salir el 25 de este mes. Los comentarios de apoyo a la denunciante son numerosos.
Pero es un solo caso entre miles y miles. Mujeres maltratadas hay por doquier, pero no están en las benditas redes sociales, como las califica el presidente Andrés Manel López Obrador. El monstruo de la violencia contra las mujeres recorre el planeta, no tiene fronteras, lo mismo sucede en países ricos que en países pobres. El portal “ONU Mujeres” ha ubicado a la violencia contra las mujeres en la pandemia del Covid-19. Un artículo sobre la declaración de Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de la esta publicación, señaló el 6 de abril de 2020: “En este momento en el que 90 países están en situación de confinamiento, 4000 millones de personas se refugian en casa ante el contagio mundial del COVID-19. Se trata de una medida de protección, pero conlleva otro peligro mortal. Vemos cómo aumenta otra pandemia en la sombra: la violencia contra las mujeres.
El confinamiento aviva la tensión y el estrés generados por preocupaciones relacionadas con la seguridad, la salud y el dinero. Asimismo, refuerza el aislamiento de las mujeres que tienen compañeros violentos, separándolas de las personas y los recursos que mejor pueden ayudarlas. Es la situación perfecta para ejercer un comportamiento controlador y violento en el hogar. De forma paralela, al tiempo que los sistemas sanitarios se esfuerzan al límite, los refugios para la violencia doméstica alcanzan también su máxima capacidad, agravándose el déficit de servicio al readaptar dichos centros a fin de ofrecer una respuesta adicional al Covid. Incluso antes de que existiera el Covid-19, la violencia doméstica ya era una de las violaciones de los derechos humanos más flagrantes.
En los últimos 12 meses, 243 millones de mujeres y niñas (de edades entre 15 y 49 años) de todo el mundo han sufrido violencia sexual o física por parte de un compañero sentimental. Tradicionalmente, los bajos índices de denuncia generalizados respecto a la violencia doméstica y de otro tipo han dificultado las medidas de respuesta y la recopilación de datos. De hecho, menos del 40 por ciento de las mujeres que sufren violencia buscan ayuda de algún tipo o denuncian el delito. Menos del 10 por ciento de estas mujeres que buscan ayuda recurren a la policía”… (Me leen después).
Por: José Manuel Pérez Durán / jmperezduran@hotmail.com
