Algunos casos resultan simplemente detestables. Hubo un exgobernador abusivo de Morelos que por años se embolsó unos doscientos mil pesos, cobrando tres pensiones mensuales: una en el Poder Ejecutivo, otra en el Poder Judicial y una más en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). En contraste, actualmente existen exservidores públicos con pensiones miserables del ISSSTE, de sólo diez y doce mil pesos, así que, después de treinta y más años de trabajo, están más pobres que una rata. Los números son elocuentes: En 2024, el ISSSTE pagó 339 mil millones de pesos en pensiones a jubilados. La cifra se pagó con transferencias del gobierno federal al ISSSTE y sólo el 0.1% (227 millones de pesos) fue pagada con las cuotas y aportaciones de los trabajadores en activo. Al mismo tiempo un galimatías y una inequidad que seguramente es del conocimiento del director general del ISSSTE, Martí Batres. ¿Y?
A LOS afortunados que tienen empleo, la más escuchada recomendación es que sean precavidos ante la supuesta burbuja de recuperación del poder adquisitivo. Que no escuchen el canto de las sirenas sobre ofertas del comercio, promociones, descuentos, etc., ni gastar excesivamente en los “puentes”.
En este contexto, entre gastalones y fiesteros se pasea el garlito de empresarios que incitan el consumo y “benefician” a los consumidores con “precios bajos” mediante campañas nacionales que despiertan la tentación de los consumidores. Pero también hay un considerable número de personas que desconfían del “beneficio”, pues mientras se ofertan “fabulosos descuentos” del 15, 20 y 30 por ciento en muebles, televisiones, equipos de sonido, de cómputo y artículos parecidos –necesarios pero no básicos–, los precios de alimentos, abarrotes y enseres para el hogar se incrementan en forma sostenida.
Hay compradores que se muestran a favor de la comercial y se entusiasman con las ofertas del “fin de semana más barato del año”. Pero para otros se trata de una farsa, porque primero inflaron los precios, luego aplicaron los descuentos y sólo se benefician los grandes comercios y cadenas de supermercados. Los trabajadores gastan sus ahorros, si es que tienen…
QUIZÁ disminuido en su carácter ancestral por estar fuera del Centro Histórico, uno de los monumentos emblemáticos de Cuernavaca es el chapitel del Calvario. Conocido en sus orígenes y durante muchos años como “El Humilladero”, esta denominación se debía a que la gente, al entrar y salir por el Camino Real a la Ciudad de México –la hoy avenida Morelos, a la altura de la bifurcación de las calles Matamoros y Miguel Salinas– se humillaba y persignaba, primero ante una cruz instalada en ese punto, y posteriormente de cara a la imagen de la Virgen de Guadalupe. Hoy poca gente se hinca, pero casi todo mundo se persigna, como una antiquísima señal de encomendarse al cuidado y protección de la Guadalupana. Y sin embargo, la mayoría de los cuernavacenses se muestran indiferentes ante esta joya de la historia de Cuernavaca. Una lástima… (Me leen mañana).
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