A los incendios forestales estamos habituados en Morelos. Tan nos son comunes que hemos perdido la capacidad de asombro. ¿Lo cual es normal o extraordinario? La quemazón que el viernes próximo hará cuatro semanas ocurrió en tierra tepozteca, a la altura del kilómetro 68 de la autopista México-Cuernavaca, resultó una crónica anunciada del incendio que la mañana de este martes arrancó en el cerro La Luz, al norponiente del cerro de El Tepozteco. La conflagración que continuaba ayer es la segunda de este año, pero no será la última ni en Tepoztlán ni en otras latitudes de Morelos.
El espectáculo de llamas brillando en los bosques y montes lo empezamos a ver por estos días del estiaje incipiente que dispara las temperaturas y cualquier chispa, intencional o accidental, suele degenerar en incendio difícilmente controlable. De uno grande y trágico escribí hace apenas dos semanas. Empezó en los primeros días de marzo de 2014, y pocas horas después el Gobierno del Estado informó del deceso de Miguel Ángel David Rodríguez Bello, regidor de Protección Civil y Medio Ambiente del Ayuntamiento de Tepoztlán. Sería como la una de la tarde cuando las autoridades conocieron del incendio en la cañada del paraje Paso del Aire. De inmediato, unos veinte brigadistas de la Comisión Nacional Forestal y treinta 30 voluntarios, entre ellos Miguel David, así como personal de Protección Civil Municipal acudieron a sofocar las llamas. Sorpresivamente, el fuego alcanzó a cuatro voluntarios, al regidor, quien murió en el lugar al igual que Rafael Cortés Jiménez, en tanto que dos brigadistas más resultaban heridos. Los sobrevivientes fueron trasladados en helicóptero a Cuernavaca para ser atendidos en el hospital general José G. Parres. Autoridades aseguraron que el infierno fue provocado y dos lugareños fueron detenidos para ser investigados. El Comité Estatal de Incendios Forestales señaló que se fincarían responsabilidades a los presuntos involucrados, mientras que habitantes de Tepoztlán se reunían para fijar una postura sobre el acontecimiento. El fuego llegó a escasos dos kilómetros de la zona urbana de Tepoztlán. El humo que intoxicó a decenas de personas se extendió hasta los linderos de los municipios de Jiutepec y Yautepec.
Otro: en abril de 2016, el incendio que duró cuatro días arrancó un martes y fue controlado hasta el viernes. Cubierto por medios de comunicación locales y nacionales, reportaron que seis helicópteros-cisterna de la Ciudad de México, del estado de México, de la Armada y el Ejército arrojaron agua y polvo extinguidor. Los chorros del líquido aniquilador llegaron a las peñas, cañadas y brechas de la intrincada sierra tepozteca para evitar una mayor propagación. Intervinieron 300 brigadistas de esas instancias, voluntarios de Tepoztlán y de municipios aledaños, además de los bomberos del mismo pueblo y del vecino Yautepec. La versión oficial informó que la mayor parte de las 250 hectáreas quemadas fueron arbustos y follaje, que árboles de oyamel y pino no fueron afectados de forma severa, pero incluso así el daño fue enorme.
Por estas fechas debemos advertir: y lo que falta, registrados en lo que va de la presente temporada 58 incendios forestales que ya afectaron 320 hectáreas de material arbustivo, hojarasca y herbáceas en los municipios Tepoztlán, Huitzilac, Yautepec y Cuernavaca. ¡Aguas!... (Me leen después).
Por: José Manuel Pérez Durán
