La historia no registra ningún cambio de gobierno tan complicado como el que por estos días tiene lugar. Uno: Inédita la crisis económica en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, sus seis mil trabajadores están cerrando noviembre en la inopia; no les pagaron la quincena y, aunque cierto y verdadero, no los consuela el motivo. Justificó el rector Gustavo Urquiza Beltrán: derivado del fin de administración federal todas las gestiones se han canalizado hacia el nuevo gobierno que encabezará Andrés Manuel López Obrador. Sí, pero las familias de los trabajadores de la UAEM no comen gestiones. Dos: Más negro que la noche, el panorama económico de los presidentes municipales que asumirán el uno de enero es el de una economía quebrada. Lo conocen, pero no es igual saberlo que sentirlo. Heredarán laudos por 596 millones de pesos que tarde o temprano deberán pagar; de dónde y con qué, será su problema. Encabezada la lista de más laudos por los municipios de Puente de Ixtla, Cuautla, Amacuzac, Temixco y Huitzilac, muestra que los ex y alcaldes aún en funciones fueron manirrotos, malos administradores. Pero eso no es todo. Nuestra edición de ayer advirtió: de acuerdo al último corte del Registro Público Único de Financiamientos y Obligaciones de Entidades Federativas y Municipios, 20 ayuntamientos de Morelos mantienen una deuda conjunta superior a 936 millones 750 mil pesos. Tres: Como nunca complicadas en lo general las finanzas del Gobierno Estatal, con esta música desafinada es que a Cuauhtémoc Blanco Bravo le toca bailar con la más fea. Precisamente para intentar sortear tantas dificultades, el jefe de la Oficina de la Gubernatura, José Manuel Sanz, y el secretario de Hacienda, Alejandro Villarreal, operaron la prórroga para la presentación del paquete económico 2016, hasta el 15 de septiembre, con otros y el objetivo de coordinar en términos de tiempo y números el presupuesto de Morelos con el gobierno de López Obrador. Cuatro: Días clave los actuales para las finanzas oficiales de los meses por venir, la actitud para superarlos es el trabajo bien hecho. “¡El que no haga bien su trabajo va para fuera!”, sentenció Blanco en la ceremonia del  CVII aniversario de la promulgación del Plan de Ayala. Bien, y mejor si Sanz o Cuauhtémoc ponen a disposición del público un número telefónico para que sean denunciados los funcionarios que sean sorprendidos flojeando en horas de trabajo, echando la chorcha en lugar de estar laborando… EL ASALTO, anteayer, a la mujer en la colonia del Empleado minutos después de que retiró 46 mil pesos de la sucursal Scotiabank de Lomas de la Selva, ni es el primero ni será el último; continuarán a menos que la autoridad haga algo realmente efectivo contra los rateros. Ya que es imposible asignar un policía a cada cuentahabiente cuando retire dinero, quizá la solución sean escoltas de empresas de seguridad privada autorizados por la Secretaría de Seguridad Pública y pagados por los clientes de bancos para que los acompañen de regreso a sus casas luego de hacer los retiros de efectivo. Por recurrente el modus operandi de los bandidos, que en tanto tiempo la autoridad no haya hecho nada resulta sospechoso. ¿Hay una sociedad del hampa, la policía y empleados bancarios corruptos? Lo hemos comentado en más de una ocasión: corresponsables de la seguridad de sus empleados y sus clientes, los dueños de los bancos, que son mayoritariamente extranjeros, son también parte del problema. Pero autoridad alguna osa molestarlos, ni federal ni estatal; avaros, codiciosos, invierten poco y ganan mucho, no gastan en seguridad, así que policías armados no hay en los bancos. Cuando les roban dinero los banqueros no pierden, están asegurados. Contratan poco personal, lo explotan, son negreros, les prohíben que formen sindicatos. Las cajeras (os) no se dan abasto, apenas acaban de atender uno y ya se acerca otro cliente. Entregan sumas chicas, medianas y grandes de efectivo delante de todos, así que muchos los ven. Variopinta la gama de personas en las áreas de espera, hay señoras y señores, jóvenes y viejos, empleados y dueños de negocios, clientes habituales que saludan por sus nombres al personal. Gorras y lentes oscuros están prohibidos. ¿Y de qué sirve? También recibir o hacer llamadas por el celular. Sin embargo, muchos los usan, “watsapean”, checan sus “feices”. Eso parece, ¿pero qué tal si la chica que aparentemente teclea un mensaje inofensivo en realidad le está avisando a su cómplice que un señor acaba de retirar una suma grande y en ese instante está saliendo del banco? Desprevenido, el objetivo es interceptado cerca del banco si caminando se dirige a abordar su automóvil, o seguido cuando ya conduce y lo sorprenden cuadras adelante. (Me leen después).

 

Por: José Manuel Pérez Durán

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